sábado, 29 de agosto de 2009
El mensajero de los dioses: poder y comunicación
jueves, 27 de agosto de 2009
El gobierno debe acertar en la elección de sus prioridades.
…“Lo reitero una y mil veces. El problema no es la pobreza sino la inequidad en la distribución. Argentina tiene mucha riqueza, lo que hay que hacer, además de seguir generando riqueza e inversiones, es distribuir mejor lo que producimos”. Al leer estas declaraciones que la presidente Cristina Fernández de Kirchner realizo durante la inauguración de viviendas y un jardín de infantes en el conurbano bonaerense. Instantáneamente me pregunte; ¿Quién es el encargado de redistribuir la riqueza en el país?, ¿Qué nivel de aceptación de la realidad, tiene la presidente?
Analistas, legisladores y dirigentes repiten constantemente ...“El gobierno debe redefinir sus prioridades”. Si bien estas apreciaciones no son del todo erróneas, lo correcto sería decir ...“El gobierno debe acertar al menos una vez en la elección de sus prioridades, si quiere reducir la pobreza en nuestro país”. Porque a luz de los hechos, el Gobierno no para de redefinir sus políticas, sin reparar en los costos sociales que ello implica. El traspaso nuevamente a manos del Estado de los fondos de las jubilaciones o bien financiar de la televisasión del futbol, utilizando las palabras derecho y pueblo como justificación de esas arremetidas intervencionistas, son claros ejemplos de ello.
…La inflación en el 2008 fue de aproximadamente 25 por ciento. El gobierno regula los precios de numerosos productos y servicios, incluidos la energía eléctrica, el agua, la distribución minorista de gas, el transporte urbano y los servicios telefónicos locales y establece acuerdos sobre precios con productores y vendedores. El Poder Ejecutivo influencia el Poder Judicial, los tribunales son muy lentos, ineficientes, reservados y corruptos y muchos inversores extranjeros recurren al arbitraje internacional…La libertad financiera está restringida por la influencia gubernamental en el sector financiero, los costos no salariales continúan dificultando la creación de empleo y el crecimiento de la productividad.
...Las políticas económicas son en gran medida intervencionistas. La acusación a la oficina gubernamental por una recopilación de datos sobre la inflación fue un escándalo que destruyó la confianza pública en las estadísticas gubernamentales y causó que los tenedores de bonos perdieran miles de millones en pagos de intereses. Por consiguiente, las tasas de inversión no están manteniendo el ritmo de crecimiento y tienen un régimen monetario débil. Una violación importante a los derechos de propiedad es el piquete, por el que los manifestantes toman el control de empresas privadas sin que la policía o el gobierno apliquen sanciones efectivas. La piratería de software está aumentando. La corrupción se percibe como generalizada. Los inversores extranjeros denuncian la corrupción tanto del Gobierno como del sector privado. El lavado de dinero, el tráfico de narcóticos, el contrabando y la evasión impositiva asedian el sistema financiero.
Este duro resumen que refleja un estudio que mide los Índices de Libertad Económica de los países en el mundo; realizado por The Heritage Foundation y The Wall Street Journal, sitúa a nuestro país y Venezuela a la cabeza de los países de América Latina que han quedado muy atrás y han sido superados por más de la mitad de los países del mundo en términos de libertad económica. Argentina se ubica en la posición 25ª entre 29 países en la región de América del Sur, América Central y el Caribe y su puntaje general está por debajo del promedio regional. Además se ubica en la posición 105ª entre 179 países en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International para el año 2007.
Sin dudas el rol del Estado ha ido cambiando con el correr del tiempo, tanto en los países económicamente libres, como asimismo donde la economía está controlada o intervenida directamente por el Estado. Y en esto Argentina no ha sido la excepción; pero nuestra imagen ante el mundo demuestra que no supimos acompañar ni acomodarnos a las transiciones que marca el orden mundial.
Tanto es así, que quiénes discuten el cómo y no el que hacer, sostenían con ímpetu que el Keynesianismo planteado por los Kirchner era ejemplar. Estimulados estos, por el crecimiento de la recaudación a través de la suba de los aranceles, las tasas a las importaciones y exportaciones, las regulaciones onerosas , el crecimiento global de la economía y el alza en el valor de los commodities. Incentivaba a los mismos a no cumplir los compromisos contraídos con los órganos de créditos internacionales.
Empero, mientras avanzaba la fiesta Kirchnerista, estas medidas, cerraban la economía en nuestro país, dirigiéndola como un barco a la deriva. De este modo se fueron paralizando las inversiones y el desarrollo productivo. En tanto los países vecinos en la región como Chile, Brasil y Uruguay mostraban un crecimiento sostenido con políticas de apertura y reglas claras; y Argentina elevaba de forma exponencial el índice de la pobreza.
En consecuencia a las puertas del Bicentenario de la República, la situación del país es alarmante, sus instituciones son débiles, tenemos más de 12 millones de pobres, gobernadores a punto de lanzar cuasi monedas para cumplir con los sueldos del sector público, con graves problemas de infraestructura y una administración central que antepone financiar al futbol antes que resolver temas de vital importancia como la salud y la educación. Asimismo, la Presidente plantea una reforma política sin consenso incluso dentro oficialismo a travéz de anuncios mediáticos, sin aceptar las diversidades que nos ofrece nuestra sociedad y el marco de la democracia para fomentar un clima para la prosperidad generalizada.
Es hora de generar una agenda pública y colocar al ser humano como expresión de libertad, adoptar un nuevo lenguaje sincero y claro, atender las demandas sin demagogias, saber comunicar y generar participación e incorporar a todos los sectores de la comunidad organizada. Para realizar una reforma profunda hay que lograr grandes consensos a largo plazo, respetar la división de poderes y tener una mirada federal y no restringida. Argentina tiene que derribar ciertos muros que impiden el desarrollo y crecimiento a sus ciudadanos y atender los problemas crónicos como la corrupción.
Encontrar soluciones a largo plazo es comprender que resolver nuestros problemas actuales, no consiste en establecer más regulaciones y controles gubernamentales. Tampoco supone elaborar acciones intervencionistas rápidas con políticas focalizadas y con gastos excesivos; como por ejemplo el sostenimiento y aumento de planes sociales para un mayor control del clientelismo político. Sino en priorizar hacia donde se dirigen los recursos en medio de esta tragedia social por la cual atraviesa el país; sin populismos, con una mirada estratégica hacia la inversión, como el camino más seguro para incrementar la productividad y el crecimiento económico.
Para ello, es importante el compromiso de líderes políticos capaces de implementar reformas con decisión. La experiencia nos enseña que el camino más seguro hacia la prosperidad es el de la libertad, al permitir que los individuos decidan por ellos mismos la forma de seguir adelante que sea mejor para cumplir sus sueños y aspiraciones y los de sus familias.
Nos queda por delante un gran desafío para evolucionar como sociedad. Debemos exigirnos a construir consensos políticos que perduren en el tiempo, elevar el nivel y el prestigio de nuestro sistema de gobierno y el respeto a sus instituciones. Aprender aceptar nuestras diferencias y sanar las heridas del pasado que dividen a los argentinos, con el único objetivo de brindar una mejor calidad de vida en paz. Y generar así las condiciones que restablezcan el índice de confianza y la previsibilidad hacia nuestro país.
Para concluir, si el gobierno no cambia de camino y opta nuevamente por encerrarse en sus discursos, la crispación y la soberbia; sin advertir de una vez la realidad social a la que nos introdujo, hará estallar socialmente el país como una bomba de tiempo. La misma con la que juega desde que llego al poder y comenzó acelerar su pulso desde el 28 de junio pasado, cuando más del 60% del país le dijo no a la profundización de su modelo. Sin dudas nuestra suerte se ha vuelto peligrosa, no sólo por los métodos coercitivos que emplea Cristina Kirchner, sino especialmente por la ceguera con que se los usa, dado que reduce en forma notable la libertad del individuo.
Presidente Red Ideas para la Libertad y la Democracia
martes, 25 de agosto de 2009
Ricos y pobres
He aquí uno de los lugares comunes en el discurso político contemporáneo y una de las falacias más grotescas cual es la de la suma cero en los intercambios. Se considera que unos son pobres debido a que otros son ricos. Que en las transacciones lo que obtiene uno es a expensas de lo que pierde otro. La verdad es que en toda transacción libre y voluntaria ambas partes ganan (de lo contrario no hubieran realizado la operación). La riqueza no es un concepto estático por el que los mismos bienes van pasando de mano en mano. Es un proceso dinámico en el que los recursos van adquiriendo mayor valor. Es muy cierto el principio de conservación de la masa de Lavoiser por el que se explica que nada desaparece y todo se transforma. Lo relevante es que el valor del bien en cuestión se eleva en contextos productivos. En tiempos del hombre de la caverna habrían más recursos naturales que hoy pero actualmente los bienes disponibles son mayores y de mayor valor. Un teléfono antiguo tendría más materia respecto del moderno pero éste presta servicios infinitamente más provechosos que los de antaño. Y la productividad se logra debido a las tasas de capitalización generadas por equipos y conocimientos de mayor calidad que hacen posible mayores rendimientos con esfuerzos menores.
No es el empresario el encargado de comprender este proceso, es simplemente un vehículo: al invertir eleva las antedichas tasas de capitalización que, como queda consignado, provocan aumentos de salarios e ingresos en términos reales. Más aún, no es infrecuente que el empresario engrose las filas de quienes no solo no comprenden el proceso aludido sino que lo combaten. Ellos mismos no advierten que la redistribución de ingresos significa asignar los siempre escaso factores productivos en áreas menos eficientes y, por ende, se compromete severamente el progreso de todos pero muy especialmente de los que menos tienen.
Desde luego que la caridad desempeña un papel de importancia al efecto de palear situaciones de emergencia, pero debe tenerse muy presente que la beneficencia siempre se lleva a cabo con recursos propios puesto que si se realiza por la fuerza deja de ser obra solidaria para convertirse en despojo compulsivo que, entre otras cosas, precisamente, demora el progreso y perjudica a los más necesitados debido al deterioro en los marcos institucionales basados en el respeto irrestricto a los derechos de todos.
Pobreza y riqueza son términos relativos en el sentido que todos somos pobres o ricos según con quien nos comparemos. Todos provenimos de las situaciones más miserables que puedan concebirse (cuando no del mono). Pasar de una situación de mayor pobreza a una de mayor desahogo solo puede lograrse en base al respeto mutuo en un clima en el que las normas protegen los derechos de propiedad siempre compatibles con la clásica definición de Justicia de Ulpiano en el sentido de “dar a cada uno lo suyo”.
Por otra parte, la diferencia de rentas y patrimonios (dispersión generalmente medida por el Gini ratio) no resulta relevante. Como señala Robert T. Barro, el determinante de mayor importancia en la reducción de la pobreza es la mejora en el ingreso de todos y no la reducción de la desigualdad. El promedio ponderado es el dato relevante y no el delta entre las puntas en los ingresos obtenidos lícitamente. Más aún, la desigualdad es un pivote para el progreso ya que como apunta John Hospers “para que muchos tengan pan es indispensable que los pioneros tengan caviar”. Buena parte de lo que es el lujo de hoy será de uso común mañana, tal como ocurrió con los automóviles, la televisión, las computadoras etc. Es indispensable abrir de par en par los incentivos para la producción. La guillotina horizontal desatada por la envidia y la malicia constituye el camino más efectivo para destrozar la calidad de vida y los ingresos de la gente.
Debido al mal uso del lenguaje en cuanto a la expresión “oligarquía”, es oportuno precisar que significa la concentración de todos los poderes del Estado en pocas manos. Por ejemplo, los Castro y sus amigos en la isla-cárcel cubana, por ejemplo, el modelo peronista en Argentina y el de todas las dictaduras en todas las latitudes. Habitualmente se confunde aquel término con el de “plutocracia” que alude al gobierno de los ricos.
Asombra que la miseria no resulte más generalizada en vista de la ominosa terquedad del Leviatán por ocupar todos los espacios de la vida de las personas. Los islotes de relativo bienestar se deben a la fenomenal energía desplegada por los resquicios de libertad que aún subsisten en muchos lares.
En no pocos medios -especialmente políticos- la pobreza se usa de modo canallesco para explotar la ignorancia ajena mientras los mandones del momento viven en la opulencia fruto de sus malversaciones y rapiñas. Se usa también para alimentar discursos de predicadores resentidos que necesitan justificar sus puestos junto a ricachones con complejo de culpa por haber obtenido sus patrimonios en la oscuridad de los despachos oficiales donde succionaron privilegios inconfesables.
sábado, 20 de junio de 2009
POPULISMO, EL CÁNCER DE LOS PUEBLOS
La presentación de la obra, estará a cargo de la Dra. María Victoria Paz, miembro de CELTYV, quien hablará sobre el nuevo libro y sobre su actividad como representante de las víctimas del terrorismo de Argentina.
La cita es en Editorial Dunken - Ayacucho 357 - Capital Federal.
Los invitamos a acompañar al autor y a Victoria Paz en este evento.
lunes, 1 de junio de 2009
Movilización blogger por los derechos en Cuba
-Liberar a los presos políticos en Cuba.
-Levantar las prohibiciones que impiden a los cubanos entrar y salir de su país.
-Levantar las prohibiciones de acceso a Internet para los cubanos.
lunes, 25 de mayo de 2009
Argentina: El resultado de posponer los ajustes
Luego de 6 años de supuesto crecimiento económico, Argentina está sumergida nuevamente en otra profunda crisis y todos esperan la devaluación para luego de las elecciones, si es que finalmente votamos el 28 de junio. Y vale la duda sobre el 28 de junio porque en la Argentina de Néstor Kirchner todo es posible, hasta podría pasar que ocurriera algún “inesperado” enfrentamiento civil que llevara a declarar el estado de sitio y se suspendieran las elecciones. Eso solo lo dirán las encuestas y los comportamientos sin límites que vemos a diario.
¿Qué podemos esperar que ocurra luego de las elecciones? En rigor son muchos los escenarios políticos posibles que podemos tener luego de las elecciones y, por lo tanto, diferentes los escenarios económicos. No es lo mismo el escenario en que si pierde la mayoría el oficialismo se cumpla la promesa del piquetero Pérsico y los Kirchner se vayan, a que intenten mantenerse en el poder como sea o que traten de ignorar el resultado de las elecciones. Pero sí hay un dato cierto. No observo en la dirigencia política actual, en todo su arco y aclarando que siempre existen excepciones, una profundo vocación por instrumentar las reformas de fondo en la economía. A saber: a) bajar el gasto público y hacerlo eficiente, b) establecer un sistema tributario que en vez de espantar atraiga las inversiones, c) adoptar reglas de juego en que la redistribución del ingreso se produzca por el mérito de cada uno para satisfacer las necesidades de la gente, d) un régimen de coparticipación federal por el cual los municipios coparticipen a las provincias y estas a la nación y una serie de medidas adicionales que permitan establecer reglas de juego competitivas.
Obviamente que no es lo mismo tener a un desaforado en poder totalmente imprevisible en sus comportamientos cuál Nerón, capaz de incendiar Roma con tal de zafar de las responsabilidades que le caben, que a alguien equivocado en sus políticas pero con nociones de ciertos límites en el poder que ejerce. En el primer caso no hay diálogo posible porque la locura impide cualquier razonamiento. En el segundo, si hay error pero no hay locura, es posible corregir el rumbo porque se puede dialogar, convencer, intercambiar ideas, comparar resultados, entre otras.
Mi impresión es que una vez que finalice la era de los dislates kirchneristas, va a haber mucho para discutir en materia de política económica. Es que, como señalaba antes, no observo en el conjunto de la dirigencia política una profunda vocación por los cambios estructurales que necesita la economía para evitar estas reiteradas crisis de devaluaciones, confiscaciones y ajustes por el lado del salario real.
Dicho en otras palabras, sabemos que luego del 28 de junio, como la situación fiscal es insostenible, el ajuste que se hará, particularmente Kirchner, consistirá en reducir el gasto público en términos reales vía una devaluación y un salto inflacionario. Hoy más del 50% del gasto público de la Nación son salarios y jubilaciones, los cuales, medidos en dólares, han aumentado hasta niveles que, incluso, superan a los que regían en la convertibilidad. Ahora bien, ante la ausencia de una profunda vocación por reducir en serio el gasto público en sus niveles nominales, lo que aparece como inevitable es que se lo termine reduciendo vía una licuación. Léase devaluación y salto inflacionario.
La referencia más cercana que tenemos en el tiempo es lo que pasó en el 2001. Primero López Murphy quiso aplicar una reducción nominal de gastos ineficientes del orden de los U$S 2.000 millones. Los progresistas le saltaron a la yugular acusándolo de querer hacer el ajuste por el lado de la educación, de insensible y mil cosas más. López Murphy se fue, Cavallo intentó zafar de la baja del gasto hasta que no pudo aguantar más la situación fiscal y primero anunció el déficit cero y luego hizo recortes nominales del gasto. Lamentablemente ya era tarde y la fuga de capitales por la desconfianza derivó primero en el corralito y luego vino el cambio de gobierno con el default y la devaluación. El ajuste terminó siendo 4 veces mayor que el que había propuesto López Murphy con costos altísimos en términos de transferencias de ingresos y de patrimonios.
Néstor Kirchner nos ha puesto un rumbo de colisión que ya es imposible de evitar. La crisis económica que recién comienza terminará en otra más profunda porque si no se produce una reforma del Estado para equilibrar las cuentas y en recrear la confianza para que vuelvan las inversiones, este nivel de gasto público será infinanciable y, por lo tanto, el ajuste se hará, nuevamente, a lo guarango. Es decir, devaluando para generar un salto inflacionario que contraiga en términos reales el gasto público en su componente salarios y jubilaciones. Claro que hacer semejante cosa en este contexto recesivo implica asumir una brutal caída de la actividad, porque no nos engañemos, en el 2002 no fue la devaluación lo que salvó a la Argentina, sino el aumento de los precios de los commodities que se produjo posteriormente. Hoy, una devaluación no solo contraería más el consumo, sino que, en este contexto de falta de previsibilidad en las reglas de juego, impedirían compensar la caída del consumo interno con más inversiones y exportaciones. El caos social que puede producir semejante decisión puede llegar a ser memorable.
Es por eso que mi sugerencia es que no solo basta con evitar la locura en el poder. Si no queremos caer recurrentemente en nuevas crisis, tenemos que decidirnos a encarar el más largo pero eficiente camino hacia la prosperidad. Esto significa crear condiciones para que la economía sea competitiva (reducción del gasto del Estado, sistema tributario pagable, incorporación al comercio mundial, respeto por los derechos de propiedad, etc.) de manera que sea el mayor stock de capital el que produzca abundancia de bienes. Las mayores inversiones más puestos de trabajo y, de la combinación de ambas variables, un incremento sólido del ingreso real de la población.
Kirchner, al igual que muchos de sus antecesores pero en forma más acentuadamente, nunca quiso hacer reformas estructurales. Solo buscó confiscar riqueza (flujos y stocks) para financiar un gasto público creciente. Para él, como para muchos políticos argentinos, bajar el gasto público es reaccionario y de derecha. Los progres consideran una herejía bajar el gasto público. Por eso, cada vez que intenta esquivar la moto, chocamos contra el camión. Esto es, de tanto evitar hacer reformas estructurales, respectar la propiedad privada, no esquilmar a los contribuyentes e incorporarnos en el mundo, terminamos chocando con crisis monumentales que tienen un costo elevadísimo para la sociedad. No es casualidad que Argentina viva en una continúa decadencia, porque persistimos en agradable sonido de frases vacías como redistribución del ingreso, justicia social, defensa de la producción nacional y un sinfín de infantilismos que lo único que generan son políticas regresivas que siempre terminan perjudicando a los sectores de menores ingresos, espantando más inversiones y creando más desocupación y miseria. El discurso progresista al único progresismo que nos ha llevado es al progreso hacia la decadencia.
Kirchner ha aplicado todas estas frases vacías con sus correspondientes políticas inconsistentes hasta su máxima expresión y cuando vio que la cosa no funcionaba y estaba por chocar contra la moto, no terminó estrellando contra el camión.
Por Roberto Cachanosky
Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE, y Columnista de temas económicos en el diario La Nación (Argentina) en http://reflexioneslibertarias.blogspot.com/2009/05/argentina-el-resultado-de-posponer-los.html
domingo, 24 de mayo de 2009
El proteccionismo tecnológico y nuestro aislamiento
El Poder Ejecutivo Nacional acaba de enviar un proyecto de ley al Congreso para aumentar fuertemente los impuestos a las importaciones de productos electrónicos como computadoras, notebooks , celulares y monitores de televisión, a los que la iniciativa del Gobierno califica de "bienes suntuarios" cuando forman parte de las industrias de punta que están revolucionando el mundo moderno, con el objeto de proteger a las fábricas electrónicas radicadas en Tierra del Fuego.
El objetivo de todo gobierno es promover el bien común. Aceptada esta premisa, surge una pregunta: ¿qué es mejor para los argentinos, proteger a determinadas industrias que ofrecen a cambio un modesto aumento de sus inversiones y de su capacidad de dar empleo, o resguardar la capacidad de compra de los millones de argentinos que hoy se están beneficiando en sus casas, en sus negocios y en sus escuelas con la llegada de los productos electrónicos más avanzados, cuya difusión es uno de los rasgos característicos del mundo moderno? Con otras palabras, ¿qué es mejor para los argentinos, ¿el proteccionismo o el librecambio?
La necesidad de optar entre el proteccionismo y el librecambio nos ha acompañado desde antiguo. Los sectores más competitivos de nuestra economía, como el campo, han preferido desde siempre la libertad de comercio porque sus productos agrícolas y ganaderos no tienen rivales en el mundo. Nuestra producción industrial, en cambio, ha necesitado protección. La Argentina económica, como el dios Jano, tiene dos caras. Desde el campo, es librecambista. Desde la industria, es proteccionista. Lo inverso ha ocurrido con el proteccionismo agrícola y el librecambio industrial de los europeos.
Tanto nuestro país como los países europeos han infringido entonces, cada cual a su manera, la tesis del escocés Adam Smith en La riqueza de las naciones, según la cual la causa del extraordinario progreso económico del mundo moderno ha sido la ampliación constante de los mercados porque, si cada vez más personas producen los bienes que saben hacer mejor y los intercambian por las mercaderías más baratas y avanzadas que producen otras personas igualmente eficientes, lo que resulta de la circulación consiguiente de esta "bola de nieve" de la abundancia, es "la riqueza de las naciones".
Cuando la tesis de Smith, que fue formulada a fines del siglo XVIII, ingresó de lleno en la Revolución Industrial, si bien de un lado estimuló como nunca se había visto el desarrollo económico de las naciones, del otro lado se encontró con que algunas naciones se habían desarrollado antes que otras. Las naciones de desarrollo industrial "tardío" abrigaron entonces el justificado temor de que, si el comercio internacional se expandía sin ninguna clase de rectificación política, serían aventajadas por las naciones de desarrollo industrial "temprano".
Fue a partir de este desnivel competitivo que nació entre nosotros el áspero debate entre librecambistas y proteccionistas, un debate que, como lo muestra el reciente proyecto de gravar fuertemente a nuestras importaciones electrónicas, todavía nos acompaña.
La diagonalPor un largo tiempo, el campo y la industria parecieron participar de un "juego de suma cero" a resultas del cual se pensó que, si un sector ganaba, el otro perdía. Pero digamos desde ahora que, con el revolucionario progreso que experimentó entre nosotros la agroindustria, dándoles vida a tantas ciudades del interior, se creó una saludable "diagonal" en virtud de la cual hoy resulta anacrónico hablar del campo o de la industria, como si fueran antagonistas, y hay que reemplazar en esta fórmula la "o" por una "y", ya que la Argentina ha pasado a ser altamente competitiva en el mundo no sólo en su producción agropecuaria sino también en su producción agroindustrial en rubros tales como la maquinaria agrícola y los aceites de origen vegetal.
Lo lógico sería entonces que nuestro país ampliara desde ahora la prometedora esfera del librecambio, reconociendo que abarca simultáneamente a los distritos rurales y a los distritos agroindustriales de provincias económicamente vitales como Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. Ello no quita, empero, que el dilema entre nuestra producción agraria y agroindustrial y nuestra industria general continúe vigente fuera de este círculo ampliado para alcanzar a otros rubros industriales, donde la oposición entre el librecambio y el proteccionismo aún no ha cesado.
Pero la insistencia proteccionista del gobierno de Kirchner se debe, contra esto, a dos potentes factores: uno "ideológico" y otro "emocional". La raíz ideológica del proteccionismo exagerado de Kirchner resulta, en este sentido, de que aún comulga con la anticuada visión del "juego de suma cero" al suponer que si el campo y la agroindustria "ganan", los grandes suburbios "pierden", una visión que conduce directamente al fracaso de todo proyecto verdaderamente progresista.
Pero a este obstáculo ideológico ha venido a sumarse un poderoso factor emocional por la razón de que Kirchner cree tener todavía una cuenta pendiente con el campo, que lo derrotó en 2008 y que todavía hoy les impide a él y a su esposa viajar sin una gran custodia policial al interior, contra el cual sigue maquinando su venganza.
Si el obstáculo ideológico es fácilmente refutable por la sencilla razón de que el campo podría ser otra vez la base de la recuperación argentina, como lo fue en 2002, ¿qué es lo que habría que hacer para superar el ánimo vengativo del ex presidente? Hundido como está en el subconsciente de quien aún concentra la suma del poder, ¿qué podría hacerse para rescatarlo de su profunda irracionalidad?
Contra el zigzagLa única manera de superar los restos que aún quedan del enfrentamiento residual entre el campo y la industria que hasta hoy nos perturba sería darse cuenta de que, si se lo considera en estado puro, el dilema entre el proteccionismo y el librecambio es insuperable porque sólo podría trascenderlo una estrategia gradual . Esta es la estrategia que concibió a principios del siglo XX ese gran estadista que fue Carlos Pellegrini, cuando fundó la Unión Industrial.
Esta estrategia consiste en reconocer que, en el plano de los principios, debe aceptarse la superioridad del librecambio porque sólo él es capaz de asignar con eficiencia los recursos mundiales y argentinos, pero admitiendo al mismo tiempo que el paso del proteccionismo al librecambio debe hacerse de tal forma que los países de desarrollo tardío como el nuestro lo recorran con un cuidadoso pragmatismo, en una suerte de proteccionismo suavemente descendente, para evitar los altos costos económicos y sociales de una abrupta transición.
Pero esto es lo que hasta ahora no hemos sabido hacer los argentinos, porque hemos pasado una y otra vez de un "proteccionismo absoluto" a un "librecambio absoluto", y viceversa, en un alocado zigzag, en un vertiginoso movimiento pendular que, en vez de ir firme y progresivamente del reino del proteccionismo absoluto al reino de un creciente librecambio, ha seguido el ritmo de un péndulo insensato que retrasó, en definitiva, nuestro desarrollo.
¿Alcanzaremos al fin este triunfo de la sabiduría política y económica que hasta ahora nos ha eludido? ¿Será posible recurrir finalmente a ese gradualismo que las ideologías y las pasiones nos han negado? El dramatismo de esta pregunta se vierte al fin en otra, que aún estamos a tiempo de contestar. Tanto en el plano político como en el plano ideológico, ¿podremos madurar?
Por Mariano Grondona
en http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1131639