sábado, 6 de marzo de 2010

Introducción al liberalismo

1. Introducción

Los filósofos, sociólogos y economistas del siglo XVIII y primera parte del XIX formularon un programa político que presidió el orden social en Inglaterra y los Estados Unidos primero; en el continente europeo, después, y, finalmente, en otros lugares del mundo. Sin embargo, ese programa no fue aplicado íntegramente en parte alguna. Sus defensores no consiguieron que sus ideas fueran aceptadas en su totalidad ni siquiera en la Gran Bretaña, en el país liberal por excelencia. El resto del mundo aceptó tan sólo algunas partes, rechazando desde un principio otras no menos importantes o abandonándolas al poco de su implantación. Exageraría quien dijera que el mundo llegó a conocer una verdadera era liberal, pues el liberalismo nunca pudo funcionar a plenitud.

Con todo, aunque su predominio fue breve e incompleto, el liberalismo logró transformar la faz de la tierra. Produjo un desarrollo económico sin precedentes en la historia del hombre. Al liberar las fuerzas productivas, los medios de subsistencia se multiplicaron como por encanto. Cuando empezó la primera guerra mundial (consecuencia ella misma de larga y áspera oposición a los principios liberales y que, a su vez, iba a dar inicio a un período de aún más agria resistencia al liberalismo), nuestro planeta tenía una población incomparablemente mayor que nunca antes y la inmensa mayoría gozaba de un nivel de vida incomparablemente superior. La prosperidad engendrada por el liberalismo redujo drásticamente el azote de la mortalidad infantil y elevó sustancialmente el promedio de vida.

Tal prosperidad en modo alguno benefició exclusivamente a una clase específica de privilegiados. Muy por el contrario, en vísperas de la primera guerra mundial, el obrero europeo, el americano y el de los dominios británicos vivía mejor y más confortablemente que los aristócratas de épocas muy cercanas. Comía y bebía lo que quería; podía dar buena instrucción a sus hijos; podía, si quería, tomar parte en la vida intelectual y cultural de su país y, de poseer la energía y el talento necesarios, no le resultaba difícil ascender y mejorar su status social. En las naciones donde más influencia había alcanzado la filosofía liberal, la cúspide de la pirámide social se hallaba generalmente ocupada por personas que, sabiendo aprovechar las circunstancias, consiguieron ascender a los puestos más envidiados gracias a su esfuerzo personal. Desaparecían las barreras que en otras épocas separaban a siervos y señores. Ya no había más que ciudadanos, sujetos todos a un mismo derecho. Nadie era discriminado o importunado por razón de su nacionalidad, opinión o credo. En los pueblos civilizados no había persecuciones políticas ni religiosas y las guerras internacionales eran menos frecuentes. Hubo optimistas que comenzaban a entrever una era de paz perpetua.

Pero las cosas cambiaron pronto. Gran parte de los logros liberales fue desvirtuada por las poderosas y violentas corrientes de opinión antiliberal que surgieron en el propio siglo XIX. Nuestro mundo actual no quiere ya ni oír hablar del liberalismo. El término «liberal», salvo en Inglaterra, es objeto de condena por doquier. Hay todavía «liberales» en Gran Bretaña, pero la mayor parte de ellos lo son sólo de nombre. Más exacto sería calificarlos de socialistas moderados. El poder público se halla hoy en día, por doquier, en manos de las fuerzas antiliberales. Los programas de tales partidos desencadenaron, ayer, la primera guerra mundial y, actualmente, por virtud de cuotas de importación y exportación, tarifas aduaneras, barreras migratorias y medidas similares, están aislando cada vez más a todas las naciones. Esos mismos idearios han auspiciado, en la esfera interna de cada país, experimentos socialistas que sólo han servido para reducir la productividad del trabajo y aumentar la escasez y la pobreza
Sólo quien voluntariamente cierre los ojos a la realidad puede dejar de ver por doquier signos anunciadores de una inminente catástrofe económica de ámbito mundial. El antiliberalismo apunta hacia el colapso de nuestra civilización (ver El Camino de la servidumbre).

Quien desee informarse de qué es, realmente, el liberalismo y cuáles sus metas, no puede contentarse con la simple lectura de los primeros liberales y los resultados que consiguieron alcanzar, pues, como decíamos, el liberalismo jamás logró implantar ese ideario en parte alguna.
Las manifestaciones de los partidos que hoy se denominan liberales tampoco sirven para ilustrarnos acerca de qué sea el auténtico liberalismo. Incluso en Inglaterra, como señalábamos, la filosofía que actualmente se considera liberal se halla mucho más cerca de los «tories» y los socialistas que del viejo programa librecambista. Cuando uno se encuentra con liberales que admiten la nacionalización de los ferrocarriles, de las minas y de otras empresas, apoyando incluso la implantación de tarifas proteccionistas, hay que llegar a la conclusión de que, en la actualidad, del liberalismo no queda sino el nombre.

La lectura de los escritos de los grandes fundadores de la escuela tampoco basta para abarcar actualmente la idea liberal. Porque el liberalismo, en modo alguno, constituye un dogma fijo, ni una doctrina congelada; al contrario, es la aplicación a la vida social de descubrimientos científicos específicos. Por lo mismo que los conocimientos económicos, sociológicos y filosóficos no han dejado de progresar desde la época de David Hume, Adam Smith, David Ricardo, Jeremy Bentham y Wilhelm Humboldt, la teoría liberal también difiere hoy de la que presentaban aquellos autores, aun cuando las bases fundamentales no hayan cambiado. Nadie, desde hace mucho tiempo, se ha tomado la molestia de formular una exposición concisa de qué es el liberalismo actual; eso parece justificar la aparición del presente ensayo.

2. El bienestar material

El liberalismo es una teoría que se interesa exclusivamente por la actividad terrenal del hombre. Procura, en última instancia, el progreso externo, el bienestar material y no se ocupa directamente, desde luego, de sus necesidades espirituales. No promete al hombre felicidad y contento; simplemente la satisfacción de aquellos deseos que, a través del mundo externo, cabe atender. Mucho se ha criticado al liberalismo por esta actitud puramente externa y materialista. «El hombre -se dice- no sólo vive para comer y beber. Hay necesidades humanas por encima de tener casa, ropa y comida. Las mayores riquezas no dan al hombre la felicidad, pues dejan el alma insatisfecha y vacía. El gran fallo del liberalismo consistió, pues, en su despreocupación por las más nobles y profundas aspiraciones humanas».

Quienes así hablan no hacen sino evidenciar cuán imperfecto y verdaderamente materialista es su propio concepto de esas tan cacareadas aspiraciones. La política económica, cualquiera que sea, con los medios que tenga a su disposición, puede enriquecer o empobrecer a la gente; lo que está más allá de sus posibilidades es darle la felicidad. En ese terreno, ningún bien material es suficiente. Sin embargo, un ordenamiento social adecuado puede suprimir múltiples causas de dolor y de sufrimiento; puede dar de comer al hambriento, vestir al desnudo y procurar habitación al que de ella carece. No es que el liberalismo desprecie lo espiritual y, por eso, concentre su atención en el bienestar material de los pueblos. Es que sus aspiraciones son mucho más modestas. El liberalismo sólo aspira a procurar a los hombres las condiciones externas para el desarrollo de su vida interior. Es incuestionable que un hombre moderno de clase media puede atender mejor sus necesidades espirituales que, por ejemplo, un individuo del siglo x, que no podía abandonar por un instante la tarea de garantizar su simple subsistencia.
Cierto es que el liberal nada puede argumentar ante quienes consideran como un ideal la pobreza y la libertad de los pájaros del bosque. En modo alguno los liberales quisieran obstaculizarles alcanzar sus objetivos espirituales. La mayoría de nuestros contemporáneos, sin embargo, ni comprende ni persigue el ideal ascético. Siendo eso así, ¿cómo se puede reprochar al liberalismo su afán por mejorar el bienestar material de las masas?

3. El racionalismo

Se acusa al liberalismo de ser racionalista. Se dice que los liberales pretenden ordenarlo todo de un modo lógico, olvidando los sentimientos y las irracionalidades.

No niega, desde luego, el liberalismo que las gentes proceden, a veces, de modo irracional. Si los hombres actuaran siempre racionalmente, resultaría superfluo el exhortarles a proceder de acuerdo con los dictados de la razón. Desde luego, el liberal no dice que el hombre sólo se mueva por la inteligencia; lo que asegura es que a los hombres, en aras de su interés bien entendido, les conviene actuar de modo racional. El liberalismo sólo aspira es que se le conceda la misma preeminencia a la razón en la política social que en todas las demás esferas de la acción humana. Pocos considerarían sensata la actitud del paciente que le dijera a su médico: «Doctor, comprendo que lo que me aconseja es bueno pero mis sentimientos no me permiten seguir sus indicaciones. Lo que yo deseo es lo que me hace daño».

Para alcanzar cualquier objetivo que nos hayamos propuesto, siempre procuramos actuar razonablemente. Quien pretenda atravesar una vía férrea no elegirá para hacerlo el momento en que pasa el tren; y quien esté cosiendo un botón cuidará de no pincharse el dedo. En cada esfera de la actividad humana, se han descubierto las técnicas adecuadas para conseguir ciertos objetivos. Todo el mundo coincide en la necesidad de dominar las técnicas que van a permitir vivir mejor. Es por eso que se rechaza como charlatanes a los que pretenden ejercer una profesión u oficio sin la oportuna maestría.
En lo tocante a la política social, sin embargo, parece como si este planteamiento tuviera que ser distinto. Por lo visto, en este terreno los sentimientos y los impulsos deben de prevalecer sobre la razón.

La cuestión de cómo debe iluminarse una ciudad se discute y se resuelve con arreglo a la razón y a la lógica. Pero en cuanto se trata de completar el tema y decidir si la correspondiente central eléctrica debe ser de propiedad privada o municipal, toda razón y toda lógica desaparecen; ya no se apela más que a sentimientos, a cosmovisiones y, en definitiva, a lo irracional. ¿Por qué? Nos preguntamos en vano.
El ordenar la sociedad para facilitar que los hombres puedan alcanzar sus metas no es un problema excesivamente complicado. Es menos complejo que tender ferrocarriles, producir tejidos o construir plantas eléctricas. Desde luego, la política y el gobierno tienen mayor importancia que otros temas de la actividad humana porque establecen el orden social que constituye la base de todo lo demás. La gente sólo puede prosperar y alcanzar sus objetivos bajo una organización propicia a esos fines. Pero, por elevada que situemos la esfera de lo político y social, estaremos de acuerdo en que los asuntos a tratar son de naturaleza puramente humana, debiendo, en su consecuencia, ser abordados de forma exclusivamente racional.

Indudablemente, nuestra capacidad de comprensión es harto limitada. Jamás llegaremos a develar los secretos últimos y más profundos del universo. Pero el que no consigamos desentrañar la razón de nuestra existencia, en nada impide recurrir a los medios más adecuados para conseguir alimentos o ropa. Debemos, pues, por la misma razón, organizar la sociedad de acuerdo con las normas más efectivas para alcanzar nuestros fines. No son, en verdad, tan elevados, grandiosos o benéficos el estado y el orden legal, el gobierno y la administración pública, como para atemorizarnos y hacernos renunciar a someter tales instituciones a la prueba de la racionalidad. Los problemas que la política social suscita son simples cuestiones tecnológicas; hay que abordarlos por las mismas vías y con los mismos métodos que para resolver todos los demás problemas científicos, es decir, mediante la reflexión racional y la adecuada observación de las circunstancias existentes (ver La Arrogancia Fatal). El raciocinio confiere condición humana al hombre; es lo que le diferencia y eleva por encima de las bestias. ¿Qué motivo hay para que, en el terreno del ordenamiento social, hayamos de renunciar al arma de la lógica, apelando, en cambio, a vagos y confusos sentimientos?

4. La meta del liberalismo

Suele la gente pensar que el liberalismo se distingue de otras tendencias políticas en que procura beneficiar a determinada clase, la constituida por los poseedores, los capitalistas y los grandes empresarios, en perjuicio del resto de la población. Esa suposición es completamente errónea. El liberalismo ha pugnado siempre por el bien de todos. Tal es el objetivo que los utilitaristas ingleses pretendían describir con su no muy acertada frase de «la máxima felicidad, para el mayor número posible». Desde un punto de vista histórico, el liberalismo fue el primer movimiento político que quiso promover no el bienestar de grupos específicos sino el general. Difiere el liberalismo del socialismo -que igualmente proclama su deseo de beneficiar a todos- no en el objetivo perseguido, sino en los medios empleados.

Hay, sin embargo, quienes opinan que las consecuencias del liberalismo, por la propia naturaleza del sistema, al final resultan favoreciendo los intereses de una clase específica. Esa afirmación merece ser discutida. Uno de los objetivos de esta obra es demostrar que carece de fundamento.

Cuando el médico prohibe al paciente ingerir determinados alimentos, nadie piensa que le tiene odio ni que, si de verdad lo quisiera, le permitiría disfrutar los manjares prohibidos. Todo el mundo comprende que el doctor aconseja al enfermo apartarse de esos placeres simplemente porque desea que recupere la salud. Sin embargo, cuando se trata de política social, las cosas cambian extrañamente. En cuanto el liberal se pronuncia contra ciertas medidas demagógicas, porque conoce sus dañinas consecuencias sociales, inmediatamente lo acusan de enemigo del pueblo, mientras se vierten elogios y alabanzas sobre demagogos que abogan por medidas que a todos gustan sin comprender sus inevitables perjuicios.

La actividad racional se diferencia de la irracional en que implica momentáneos sacrificios. No son estos sino sacrificios aparentes, pues quedan ampliamente compensados por sus favorables resultados. Quien renuncia a ingerir delicioso pero perjudicial alimento efectúa provisional, aparente sacrificio. El resultado de tal actuación, conseguir la salud, pone de manifiesto que el sujeto no sólo no ha perdido, sino que ha ganado. Para actuar de tal modo se precisa, no obstante, advertir la correspondiente relación causal. Y de esto se aprovecha el demagogo. Ataca al liberal que sugiere provisionales y aparentes sacrificios, acusándolo de enemigo del pueblo, carente de corazón, mientras él se erige en el gran defensor de las masas. Sabe bien cómo tocar la fibra sensible del pueblo, cómo hacer llorar al auditorio describiendo tragedias y, de esa forma, justificar sus planes.

La política antiliberal es simplemente una política de consumo de capital. Aumenta la provisión presente a costa de la futura. Es el mismo caso del ejemplo del enfermo. El precio a pagar por la momentánea gratificación es un grave daño posterior. Hablar, en tal caso, de dureza de corazón frente a filantropía resulta, sin duda, deshonesto y mendaz. Y esto no es tan sólo aplicable a nuestros políticos y periodistas antiliberales de hoy, pues la cosa ya viene de antiguo; la mayor parte de los autores partidarios de la prusiana sozialpolitic recurrían a las mismas tretas.

Por supuesto, que en el mundo haya pobreza y estrechez no constituye un argumento válido contra el liberalismo, pese a lo que pueda pensar el embotado lector medio de revistas y periódicos. Esa penuria y esa necesidad son, precisamente, las lacras que el liberalismo quiere suprimir, proponiendo, al efecto, los únicos remedios realmente eficaces. Quien crea conocer otro camino, que lo demuestre. Lo inaceptable es eludir la demostración vociferando que a los liberales no les importa el bien común y que tan sólo les preocupa el bienestar de los ricos.

La naturaleza no regala nada. Todo lo contrario. Es avara, brutal, despiadada. Es por eso que la pobreza ha existido siempre. Para valorar los triunfos liberales y capitalistas basta comparar nuestro nivel de vida actual con el que prevaleció en todas partes y durante toda la historia de la humanidad hasta la edad moderna. Las sociedades en que se aplican principios liberales suelen calificarse de capitalistas y capitalismo se denomina el régimen que en ellas impera. Sin embargo, hoy en día resulta difícil demostrar la enorme potencialidad social del capitalismo puesto que la política económica liberal sólo se aplica muy parcialmente. Con todo, se puede denominar justamente a nuestra época la edad del capitalismo, ya que toda la actual riqueza proviene de la operación de instituciones típicamente capitalistas. La mayoría de nuestros contemporáneos gozan de un nivel de vida muy superior al que los más ricos y privilegiados disfrutaban hace tan sólo unas pocas generaciones. Ha sido así gracias a las ideas liberales que aún sobreviven y a lo que del capitalismo queda.

Los demagogos, desde luego, con su habitual retórica, presentan las cosas de modo diametralmente opuesto. Los adelantos en los métodos productivos -dicen- sirven tan sólo para enriquecer cada vez más a las minorías favorecidas por la fortuna, mientras las masas van hundiéndose en una pobreza creciente. La más mínima reflexión, sin embargo, demuestra que todos los progresos técnicos e industriales se orientan hacia el enriquecimiento y progreso de los humildes. Los ricos y poderosos siempre han vivido bien. Pero, en el mundo moderno, las grandes industrias de bienes de consumo e, indirectamente, las que fabrican maquinaria y productos semiterminados trabajan para las masas.

Los enormes progresos industriales de las últimas décadas, así como los del siglo XVIII y los de la llamada revolución industrial invariablemente dieron lugar a una mejor satisfacción de las necesidades de las masas. El desarrollo de la industria textil, la mecanización del calzado, las mejoras en la conservación y transporte de los alimentos benefician a una clientela cada día más amplia. Es por eso por lo que las gentes visten y comen hoy mejor que nunca. La producción masiva no sólo procura casa, comida y ropa a los más humildes, sino que también atiende a otras muchas necesidades populares. La prensa y el cine gratifican a muchos; el teatro y otras manifestaciones artísticas, antes sólo de minorías, se han transformado en espectáculos de masas.

La apasionada propaganda antiliberal, que retuerce los hechos, ha dado lugar, sin embargo, a que las gentes asocien los conceptos de liberalismo y capitalismo con la imagen de un mundo sumido en una pobreza creciente. No consiguieron los demagogos, a pesar de tanta palabrería, dar a los términos «liberal» y «liberalismo» un tono verdaderamente peyorativo, como era su deseo. Las gentes, pese a tanto lavado de cerebro, siguen viendo cierta asociación entre aquellos vocablos y la palabra «libertad». Por eso los escritos antiliberales no atacan demasiado al «liberalismo», prefiriendo atribuir al «capitalismo» todas las infamias que, en su opinión, engendra realmente el liberalismo. Porque el vocablo capitalismo evoca en las gentes la figura de un patrono sin entrañas que no piensa más que en su enriquecimiento personal, aunque sea a costa de los demás.

En realidad, son pocos los que se dan cuenta de que el orden social estructurado de acuerdo con los auténticos principios liberales sólo deja un camino a los empresarios y capitalistas para enriquecerse, a saber, el atender del mejor modo posible las necesidades de la gente. La propaganda antiliberal, desde luego, lejos de evocar el capitalismo cuando alude a la prodigiosa elevación del nivel de vida de las masas, sólo lo cita cuando denuncia la pobreza existente, que no se ha podido superar, precisamente, por las limitaciones impuestas a los principios liberales. ... Los argumentos empleados por la demagogia para echar la culpa al liberalismo de cuantos perjuicios ocasionan las medidas antiliberales es más o menos como sigue.

Se comienza por afirmar, sin demostración alguna, que el liberalismo favorece los intereses de capitalistas y empresarios, con el correspondiente perjuicio para el resto de la población, de suerte que progresivamente se va enriqueciendo a los ricos y depauperando a los pobres. Se dice, después, que muchos capitalistas y empresarios son partidarios del proteccionismo arancelario, habiendo algunos, incluso, como los fabricantes de armamentos, que recomiendan una política de «preparación bélica». De tal concatenación surge, de pronto, la conclusión de que todo ello es consecuencia de la «propia mecánica capitalista ».

La verdad, sin embargo, es bien distinta. El liberalismo no trabaja en favor de grupo alguno, sino en interés de la humanidad entera. Sin duda, le conviene al empresario o capitalista pero tanto como a cualquier otro (ver Indice de la libertad económica). Es más, si algún empresario o capitalista pretendiera ocultar sus conveniencias personales tras la máscara del programa liberal, rápidamente se alzarían contra tal propósito los demás empresarios y capitalistas, defendiendo su propio interés. No son tan simples las cosas como suponen quienes sólo ven «conveniencias» e «intereses creados». El que el gobierno no imponga pongamos por caso, una tarifa proteccionista a la importación de los productos siderúrgicos no puede explicarse diciendo que tal medida beneficia a los magnates del acero por una sencilla razón: porque hay gente en el país, incluso empresarios, a quienes la medida perjudica. En el capitalismo nunca puede dominar un sólo interés o una sola voz. Tampoco hablar de sobornos, pues los que son corrompidos por tales medios son una minoría.

La ideología en que se ampara la tarifa proteccionista no la crean ni las «partes interesadas» ni los sobornados, sino los ideólogos que engendran pensamientos que luego, por desgracia, determinarán la actividad del país entero. La gente argumenta en antiliberal, por ser la idea que prevalece; hace cien años, en cambio y por la misma razón, la mayoría pensaba en términos liberales. Si hay empresarios favorables al proteccionismo, ello no es sino consecuencia del antiliberalismo que todo lo domina. Tal hecho, desde luego, nada tiene que ver con la doctrina liberal.

5. Las raíces psicológicas del antiliberalismo

En el presente libro, por supuesto, sólo vamos a abordar el problema de la cooperación social. Sin embargo, la raíz del antiliberalismo no puede ser aprehendida por vía de la razón pura, pues no es de orden racional, constituye, por el contrario, el fruto de una disposición mental patológica, que brota del resentimiento, de una condición neurasténica, que cabría denominar el complejo de Fourier, en recuerdo del conocido socialista francés.

No vale la pena hablar demasiado del resentimiento y de la envidia. Gran número de los enemigos del capitalismo sabe perfectamente que su situación personal se perjudicaría bajo cualquier otro orden económico. Sin embargo, propugnan la reforma, es decir, el socialismo, con pleno conocimiento de lo anterior, por suponer que los ricos, a quienes envidian, también van a padecer. ¡Cuántas veces oímos decir que la penuria socialista resultará fácilmente soportable porque, bajo ese sistema, nadie va a disfrutar de mayor bienestar!

Cabe, desde luego, combatir el resentimiento con argumentos lógicos. Puede hacérsele ver al resentido que a él lo que le interesa es mejorar su propia situación, independientemente de que los otros prosperen más. El complejo de Fourier, en cambio, resulta más difícil de combatir. Estamos, ahora, ante una grave enfermedad nerviosa, una auténtica neurosis, cuyo tratamiento compete más al psiquiatra que al legislador. Constituye, sin embargo, una circunstancia que debe ser tenida en cuenta al enfrentarse con los problemas de nuestra actual sociedad. La ciencia médica, por desgracia, se ha ocupado muy poco del complejo de Fourier. Se trata de un tema que casi pasó inadvertido a Freud.

En esta vida, es muy difícil alcanzar todo lo que se ambiciona. No lo consigue ni uno en un millón. Los grandiosos proyectos juveniles, aunque la suerte los acompañe, cristalizan muy por debajo de lo previsto. Mil obstáculos destrozan planes y ambiciones y la capacidad personal resulta insuficiente para conseguir aquellas altas cumbres que uno pensó escalar fácilmente. Ese fracaso de las más queridas esperanzas es el drama diario del hombre. Es la percepción de la propia incapacidad para conseguir metas ardientemente ambicionadas. Nos sucede a todos.

Ante esa realidad, se puede reaccionar de dos formas. Goethe, con su sabiduría práctica, nos ofrece una solución: ¿Crees tú, acaso, que deba odiar la vida y refugiarme en el desierto simplemente porque no fructificaron todos mis infantiles sueños?, dice su Prometeo. Y Fausto en «la mayor ocasión», «como sabio resumen», advierte que: No merece disfrutar ni de la libertad ni de la vida quien no sepa reconquistarlas todos los días.

Ninguna desgracia puede mellar ese espíritu. Quien acepte la vida como es en realidad, resistiéndose a que la misma lo avasalle, no necesita recurrir a «piadosas mentiras» que gratifiquen su atormentado ego. Si no llega el triunfo tan largamente añorado, si el destino, en un abrir y cerrar de ojos, desarticula lo que tantos años de duro trabajo costó estructurar, no hay más remedio que seguir laborando como si nada hubiera pasado. Así actúa quien osa mirar cara a cara al desastre y no desesperar jamás.

El neurótico, en cambio, no puede soportar la realidad de la vida. Le resulta demasiado dura, agria, grosera. A diferencia de la persona sana, carece de la capacidad para «seguir adelante, siempre, como si tal cosa». Su debilidad se lo impide. Prefiere escudarse tras meras ilusiones. La ilusión, según Freud, «es algo deseado, una especie de consolación» que se caracteriza «por su inmunidad ante el ataque de la lógica y de la realidad». Por eso no es posible curar a quien sufre de ese mal apelando a la lógica o a la demostración del error en que aquél se debate. Ha de ser el propio sujeto quien se automedique, llegando a comprender él mismo las razones que le inducen a rehuir la realidad, prefiriendo acogerse a vanas ensoñaciones.

La teoría de las neurosis es la única que puede explicar el éxito de las ideas de Fourier. No vale la pena transcribir aquí pasajes de sus escritos para demostrar su locura. Eso sólo interesa al psiquiatra. Pero recordemos que el marxismo no añade nada nuevo a lo que ya dijera Fourier, el «utópico». Al igual que Fourier, el marxismo parte de dos suposiciones contradichas tanto por la lógica como por la realidad experimental. El escritor socialista supone, en efecto, que el «substrato material» de la producción «ofrecido por la naturaleza, sin necesidad de la intervención del esfuerzo humano», es tan abundante que no precisa ser economizado y de ahí la confianza marxista en un «crecimiento prácticamente ilimitado de la producción». Supone, por el otro lado, que en la comunidad socialista el trabajo «dejará de ser una carga para transformarse en un placer», hasta el punto de que «llegará a constituir la principal exigencia vital». Estamos, desde luego, en el reino de Jauja, donde todos los bienes son superabundantes y el trabajo constituye pura diversión.

El marxista, desde las olímpicas alturas de su «socialismo científico», desprecia el romanticismo. Sus procedimientos, sin embargo, son los mismos. En vez de hallar la forma de superar los obstáculos que le impiden alcanzar los fines apetecidos, los escamotea, perdiéndolos de vista entre las brumas de la fantasía. La «mentira piadosa» tiene doble utilidad para el neurótico. Lo consuela, por un lado, de sus pasados fracasos, abriéndole, por otro, la perspectiva de futuros éxitos. En el caso del problema social, el único que en estos momentos nos interesa, lo consuela la idea de que, si no pudo alcanzar las doradas cumbres ambicionadas, no fue culpa suya sino del defectuoso orden social imperante. El descontento confía en que la desaparición del sistema social le deparará el éxito que anteriormente no consiguiera. Por eso, resulta inútil demostrarle que la soñada utopía es imposible. El neurótico se aferra a su tan querida «mentira piadosa y, en el trance de renunciar a ésta o a la lógica, sacrifica la segunda Su vida, sin el consuelo del ideario socialista le resultaría insoportable porque, como decíamos, el marxismo le asegura que no es responsable de su propio fracaso; la responsabilidad es de la sociedad. Eso lo libera del sentimiento de inferioridad.

El socialismo, para nuestros contemporáneos, constituye un divino elixir frente a la adversidad; algo de lo que le pasaba al cristiano de otrora, que soportaba mejor las penas terrenales confiando en un feliz mundo ulterior, donde los últimos serían los primeros. Sin embargo, la promesa socialista tiene consecuencias muy distintas. La cristiana inducía a las gentes a llevar una conducta virtuosa. El partido, en cambio, le exige a sus seguidores una disciplina política absoluta, para acabar pagándole con esperanzas fallidas e inalcanzables promesas.

Este es el eterno hechizo de la promesa socialista. Sus partidarios están convencidos de que, tan pronto como el socialismo se implante, conseguirán todo lo que hasta entonces no habían logrado. Los escritos socialistas no sólo prometen riqueza para todos, sino también amor, felicidad conyugal, pleno desarrollo físico, espiritual y la aparición por doquier de grandes talentos artísticos y científicos. Trotsky aseguraba que en la sociedad socialista, «el hombre medio llegará a igualarse a un Aristóteles, un Goethe o un Marx. Y, por encima de tales cumbres, se alzarán otras aún mayores». El paraíso socialista será el reino de la perfección, poblado por superhombres totalmente felices. Esas son las idioteces que rezuma la literatura socialista. Pero es precisamente ese desvarío lo que atrae y convence a la mayoría.

No hay, desde luego, en el mundo, psiquiatras suficientes para atender a todos los infectados por el complejo de Fourier. Su número es excesivo. Tienen que tratar de curarse ellos mismos, reconociendo la realidad de la vida. Cada uno de nosotros tiene que afrontar su propio destino, es indigno buscar chivos expiatorios y es necesario comprender las inconmovibles leyes de la cooperación social.

Ludwig von Mises

miércoles, 17 de febrero de 2010

La Libertad

INTRODUCCIÓN
El presente trabajo tiene como objeto explorar un tema sumamente complejo que ha sido centro de discusión para filósofos de todos los tiempos. Hablo de la libertad, esta facultad que los hombres se atribuyen considerándola una de las características esenciales que los diferencian de los animales, convirtiéndolos en seres superiores. El hombre cree ser el único ser de la creación esencialmente libre pero antes de tan hipotética afirmación (y digo hipotética, porque el desarrollo siguiente nos llevará a confirmarla o refutarla) es conveniente abordar el respectivo análisis del tema, para formarnos así, una opinión propia al respecto.
Es así que, saber que es la libertad, conocer sus limites y sus formas, pero fundamentalmente saber si podemos ser libres o no, me parece que es lo menos que como individuos pensantes podemos hacer. En este caso, convendría preguntarnos si todo lo que hemos realizado desde que tenemos uso de razón o lo que tenemos planeado realizar como proyecto de vida ( si es que lo tenemos), fue o será producto del ejercicio de nuestra libertad o tristemente resultado de los designios del destino, la voluntad de Dios, la naturaleza o como suela llamársele. En este sentido es fundamental saber que es la libertad y si realmente existe.
En la búsqueda de tal conocimiento he recopilado abundante material que espero resulte satisfactorio a la hora de desarrollarlo..
CONCEPTO DE LIBERTAD
Como forma de introducción al concepto de libertad, me pareció conveniente explorar la etimología de esta palabra.
El termino latino liber (relacionado con libertas, libertad) del cual proviene "libre", tuvo el comienzo, el significado de "persona en la cual el espíritu de procreación se halla naturalmente activo", de donde cabe la posibilidad de denominar liber o libre al joven cuando al alcanzar la madurez sexual, es incorporado a la sociedad como hombre capaz de asumir responsabilidades. En esta acepción latina, el hombre libre es aquel que goza de una condición no esclava o sometida.
Como se trataba de un reconocimiento social o jurídico, ser libre consistía, sobre todo, en poder hacer. Pero también se aplicaba el sentido de auto determinación, entendiéndose que se era libre para hacer algo por si mismo. La libertad se convierte así, en la posibilidad de decidirse, y al decidirse, de autodeterminarse.
Como se puede observar, la noción de libertad ya en su origen apunta en dos direcciones, una de condición no esclava y la otra, de autodeterminación.
Teniendo esto en claro, es el momento oportuno para comenzar a exponer una serie de definiciones del concepto de libertad necesaria para que formemos nuestra propia opinión al respecto. Es así que iniciaremos la exposición, con una simple definición de diccionario.
"Libertad: poder inmanente al sujeto, en el orden de su realización, que puede definirse como la capacidad de decidirse o autodeterminarse."
Continuamos con Rene Descartes para quien la libertad...: "...consiste solamente en que nosotros podemos hacer una misma cosa o no hacerla, afirmar o negar, perseguir o evitar una misma cosa. O mas bien consiste solamente en que, para afirmar o negar, perseguir o evitar, las cosas que el entendimiento nos propone, obramos de tal manera que no sentimos que ninguna fuerza fuerce."
Sigue el orden E. Rabier quien afirma que el hombre tiene libertad cuando...: "tiene el poder de hacer lo que no hace y de no hacer lo que hace."
Es el turno de Carlos Vaz Ferreira. Según el...: "la verdadera definición de libertad es cuando el hombre... no depende totalmente de lo que no es el."
Continua la exposición A. Herzen considerando que...: "por libertad..., se entiende una facultad que permitiría al hombre querer una cosa mas bien que otra, independiente de toda causa o motivo, externo o interno, que venga a determinarlo a tal o cual resolución o decisión."
Cambiamos de libro, pero no de tema. Según Fernando Sávater: "No somos libres de elegir lo que nos pasa..., sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo."
En su mismo libro, Sávater nos brinda una cita de Octavio Paz, la cual transcribimos con gusto: "La libertad no es una filosofía y ni siquiera es una idea: es un movimiento de la conciencia que nos lleva, en ciertos momentos, a pronunciar dos monosílabos: si o no."
Continuamos con una afirmación de Jaime Barylko, quien nos aclara que...: "...si se pretende hablar de libertad, todo el discurso ha de girar previamente en torno a los determinismos varios que nos sellan durante toda la vida. El resto, si algo queda, es libertad".
Antes de concluir la exposición, daré lugar a dos definiciones pertenecientes al material informático consultado.
La primera corresponde a A. Lalande, quien afirma que la libertad es un...: " Estado de aquel que, tanto si obra bien como si obra mal, se decide tras una reflexión, con conocimiento de causa. Es el hombre que sabe lo que quiere y porqué lo quiere, y no obra mas que en conformidad con las razones que aprueba.".
La segunda pertenece a Spinoza quien nos dice a través de E. Coreth que es...: "Libre lo que existe únicamente por necesidad de su naturaleza y solo por ella se determina a la acción..."
PERSONA Y LIBERTAD
"Todo hombre vive eligiendo, y al elegir se construye a si mismo"1.
Todos sabemos que el hombre se distingue de los demás seres de la naturaleza por una serie de características especiales. Entre ellas encontramos el atributo de la libertad. Resumiendo podríamos decir que "...el hombre es el único ser de la creación esencialmente libre."2.
De igual modo, comprendemos que una piedra no es un ser libre. Lanzada al aire, no tiene otra posibilidad que caer hacia el suelo obedeciendo la ley de gravedad. La piedra no puede decidir, revelarse y no acatar la ley de la gravedad. No puede actuar de otra forma de la que esta determinada. No es libre, al igual que los demás seres de la naturaleza.
En cambio el ser humano posee libertad y la utiliza para elegir el tipo de vida que desea, la que mas le convenga, que este de acuerdo con su forma de pensar y sentir, que cumpla los dictados de su vocación, que construya su persona. "El hombre no solo es, si no también se hace; es fruto de si mismo, de su libertad, de sus acciones libres."3.
Las acciones libres son consideradas como una propiedad de los actos voluntarios. Sin embargo el acto libre proviene en realidad del ser humano completo, de su persona, puesto que es un acto cuya causa se encuentra en la voluntad pero que también interviene en él la inteligencia.
Considerando la estrecha relación entre el acto libre y el acto voluntario, brindaremos un análisis de este ultimo para poder situar mejor la libertad en el lugar que le corresponde.
Análisis de acto voluntario
Las fases interiores que integran el proceso volitivo puede distinguirse en:
1) Conocimiento intelectual del objeto o fin que queremos alcanzar. Por ejemplo, comprar un regalo, concurrir al liceo, llegar a ser abogado, etc.
2) Control o freno sobre toda reacción espontánea inmediata o consiguiente "orden" dirigida al entendimiento para que examine los actos que me propongo realizar
3) Deliberación racional teniendo en cuenta los pro y los contra de mi futura acción. Examino las ventajas y desventajas y analizo las posibles maneras de actuar.
4) Decisión, que es el acto de la voluntad que corta la deliberación y escoge el acto. Tomo la determinación de ejecutar el acto concebido, me decido a actuar. A esta fase también se le llama elección o resolución.
5) Ejecución del acto elegido, por medio de las acciones externas e internas necesarias para ello. Es la realización efectiva del acto que he decidido.
Según Cuellar4 para entender plenamente este análisis es necesario tener en cuenta lo siguiente:
1- La primera y tercera fase pertenecen al entendimiento; la segunda y la cuarta a la voluntad. La quinta fase a la voluntad y otras facultades.
Ahora bien, nos explica, esta distinción entre lo que pertenece al entendimiento y lo que pertenece a la voluntad no debe llevar a su separación. En la cinco fases están implicados ambos; solo se trata de un predominio o de un papel mas relevante del uno o de la otra. Así, en la primera fase el entendimiento no captaría una situación como debiendo ser examinada si de alguna manera no estuviera presente la voluntad; el control de la segunda fase, es un control inteligente; en la tercera fase, el entendimiento examina los motivos bajo la influencia de la voluntad que solo debiera querer lo que realmente sirve, en la cuarta fase, si el entendimiento no estuviera presente, justificando racionalmente la elección, esta seria ciega ( y por lo tanto no seria una verdadera elección); en la quinta fase, el entendimiento actúa como orientador para que la voluntad haga ejecutar lo decidido.
2- El acto voluntario, continua Cuellar, es fruto de la persona total, puesto que en el están implicados inteligencia, voluntad y toda la vida tendencial, emotiva y orgánica del sujeto, así como sus decisiones anteriores que influyen en el presente. De ahí que el acto voluntario exprese de una manera concreta la totalidad de la persona humana.
3- El autor aclara además, que no hay que identificar la cuarta con la quinta fase. Se puede dar una decisión que no se pueda ejecutar a causa de impedimentos externos o internos.
4- Por ultimo nos dice, que el proceso deliberativo no se ejerce de una manera neutra con respecto a los valores morales. Toda conducta concreta del ser humano implica su compromiso para con el valor moral, que interviene así, también, en el ámbito de la deliberación.
TIPOS DE LIBERTAD
Resultado de los múltiples significados que ha ido abarcando, el termino libertad tiene diversas acepciones que desde la antigüedad se han orientado fundamentalmente en dos direcciones: libertad de ejercicio y libertad de elección.
Como vimos al estudiar la etimología del concepto de libertad, ya en el mundo romano se observaba esta diferencia. Entendiéndose, una libertad que consistía en poder hacer, o libertad de ejercicio; y una libertad que se basaba en la capacidad de autodeterminarse liberándose, por ejemplo de las pasiones, era una libertad interior que como se identificaba con el ideal de autonomía se trataba de la búsqueda de una libertad de elección para si mismo, colocándose por encima de la libertad de ejercicio.
Para tratar adecuadamente el tema que nos interesa, convendría desarrollar estos dos tipos de libertad.
Libertad de acción o de ejercicio
Por lo que dijimos anteriormente se puede deducir que esta libertad, es una libertad exterior, que consiste en un obrar que carece de coacción externa. En este sentido, se puede denominar libre a una acción cuando puede llevarse a cabo sin obstáculos o impedimentos externos. O sea, obramos sin que nadie nos ponga ningún tipo de trabas para hacer lo que queremos hacer.
Es así que hoy en día se habla del reconocimiento de las "libertades", incluyendo en ellas; una libertad física que es la capacidad de actuar sin limites materiales, sin vallas que impidan el movimiento o desplazamiento del hombre (por ejemplo, un hombre encarcelado carece de esta libertad); una libertad civil, que es la capacidad de fundar una familia, elegir un trabajo, elegir la residencia, etc; una libertad política o cívica que consiste entre otras cosas, en participar en la elección de las autoridades que regirán los destinos del país; una libertad religiosa que es la capacidad de elegir la religión a seguir, así como no seguir ninguna; una libertad de pensamiento que consiste en sacar a luz nuestro pensamiento ya sea a través de la expresión, la prensa o la enseñanza, etc.
Libertad de elección
Cuando hablamos de libertad de elección nos referimos a un tipo de libertad esencial en el individuo. Se podría decir que consiste en la ausencia de determinación interna previa a una acción, o también, en el reconocimiento de nuestro poder para decidir, en una situación dada, entre las diferentes posibilidades que se nos presenten, eligiendo la cual deseamos poner en practica. Este acto seria libre pues no esta predeterminado, sino que, por el contrario, es la voluntad del individuo quien se determina a si misma al ejecutar el acto, o también a no ejecutarlo.
Cuellar1 considerando esta libertad interior como "autodeterminación", o " poder que la voluntad tiene de determinarse a si misma de acuerdo con motivos racionales", la divide, a su vez, en dos formas:
  1. Libertad de especificación, que consistiría, según él, en poder hacer esto o lo otro, es decir, ejecutar este acto u otro; no estar determinado solamente a una cosa, si no tener la posibilidad de elegir entre varias.
  2. Libertad de ejercicio, o sea, poder actuar o no actuar, poder ejecutar una acción o no ejecutarla; no estar determinado a ejecutar un acto.
Para este autor, de estas dos formas de libertad interna, la mas importante es la segunda, pues implica no solo un dominio de las alternativas posibles, sino incluso el dominio de acto de tal forma que tenemos la posibilidad de ejecutarlo o no.
En el ámbito de la filosofía, cuando se trata el problema de la libertad se hace referencia a la libertad de elección, porque es la fundamental entre todas las demás, es la esencial. Por otra parte, en otros ámbitos y en la vida cotidiana, cuando se habla de libertad, se lo hace refiriéndose a la libertad de ejercicio.
Es útil también decir, que ambos tipos de libertad están estrechamente relacionadas, por un lado, si se careciera de libertad de elección, la libertad de ejercicio perdería en gran parte su significado, de poco serviría tener condición de libre si se tiene alma de esclavo, o como dice Stuart Mill,
" nadie es libre para hacerse esclavo voluntariamente"2. Por otro lado, si el hombre no tuviera libertad de acción, terminaría por olvidar que es un ser libre, puesto que al no poder exteriorizar sus elecciones, acabaría por pensar que no tienen importancia alguna. Ya nuestra condición humana, que es corpórea y espiritual a la vez, exige una objetivación externa de las elecciones internas. En este sentido, es muy importante la existencia de libertades externas que hagan posible la realización del hombre como ser libre. Finalmente, cabe recordar, que lo realmente valioso y decisivo en el ámbito de la libertad, es la libertad de elección.
OBSTÁCULOS DE LA LIBERTAD
La libertad humana no es absoluta. Existen varios obstáculos que disminuyen y, a veces, nulifican nuestra libertad. Es así que el estudio de cada uno de estos obstáculos, nos proporcionaría mayor claridad para comprender la manera de llevar a cabo nuestras acciones en la vida cotidiana.
Se pueden distinguir cinco obstáculos que de alguna forma condicionan nuestra libertad.
1- La ignorancia: consiste en la ausencia de conocimientos, es un obstáculo ya que para elegir algo, es preciso conocerlo. La mejor manera de vencer este obstáculo es abrir los horizontes de nuestro conocimiento teniendo en cuenta nuevas posibilidades. Un ejemplo de este obstáculo, son los fracasos de las carreras profesionales resultado de una elección incorrecta por ignorar otras especialidades que estarían mas de acuerdo con las cualidades del individuo que las elige.
2- La violencia: la cual es una fuerza externa, física o psíquica, ante la cual es difícil o imposible resistirse. Esta puede debilitar la libertad del hombre hasta el grado de suprimir toda responsabilidad en lo que se refiere a la conducta realizada en esos momentos.
3- El miedo: consiste en la perturbación emocional producida por la amenaza de un peligro inminente y es un obstáculo ya que en casos extremos como el pavor, puede producir el colapso de las facultades superiores, y todo lo que se ejecuta en ese momento pierde el carácter de responsable, pues el individuo no puede responder de ello.
4- Los trastornos psíquicos: los trastornos psíquicos, entre los cuales sobresale la neurosis, debilitan la libertad debido a que la persona se siente atada a ciertos patrones de conducta, a mecanismos de defensa, a lo que dicta la autoconciencia, a las emociones exageradas como la ansiedad, la angustia, etc.
5- La cólera y otras pasiones: la cólera, también llamadas ira, enojo o coraje, al igual que otras emociones y pasiones producen una fuerte limitación en nuestra capacidad de elegir libremente. Las emociones como el odio, la alegría, la tristeza, los celos, la envidia, y el enamoramiento, son respuestas orgánicas ( de adecuación o de inadecuación, de aceptación o rechazo) por parte del hombre cuando percibe un objeto afín o discordante. La emoción llevada a los extremos recibe el nombre de pasión. La palabra sentimiento expresa siempre lo mismo que emoción, cuando de trata de un fenómeno persistente.
LIMITES DE LA LIBERTAD
Como toda cosa que encontremos en el universo, la libertad tiene sus limites. Vimos anteriormente los obstáculos de la libertad, que serian limites ocasionales, pero ahora veremos los limites fijos propiamente dichos.
Sabemos que todo objeto físico tiene sus limites que lo distinguen y lo separan de otro objeto físico. Incluso todo objeto psíquico tienen también sus limites que lo definen. Por ejemplo, si hablamos de la tristeza, sus limites estarían donde comienza la alegría. Si hablamos de un acto determinado, también tiene sus limites que lo separan de otro acto cualquiera. Del mismo modo comprendemos que la libertad tiene sus propios limites. Cuando definimos la libertad, muchas veces lo hacemos por oposición al encierro, prisión, privación, etc. Así mismo, tenemos una idea clara y concreta de lo que es el color blanco, oponiéndolo, por ejemplo, al color negro. Si solo existiese en el universo un color, si todo fuese blanco, ni siquiera nos daríamos cuenta de que eso es blanco, porque no tendríamos otro color para compararlo. Esto significa que si el blanco no tuviera sus propios limites, ni siquiera sabríamos que es blanco. Lo mismo ocurre con la libertad.
La libertad humana tiene limites naturales y artificiales. Los limites naturales, se pueden distinguir en:
  1. Un limite natural de mi libertad de ser, es mi propio cuerpo. Yo no tengo la posibilidad de cambiarlo por otro, tengo que aceptarlo, porque yo soy mi cuerpo, ya vengo con él a la vida.
  2. Otro de los limites naturales de mi libertad es mi pasado. Yo no puedo renunciar a él, no puedo borrarlo, no puedo hacer que mi pasado no halla existido, porque precisamente existió. Como cada hombre es lo que es, gracias a lo que antes fue, cada hombre se apoya necesariamente en lo que ha sido, esto es, en su pasado. Si mi pasado hubiese sido distinto, yo seria hoy un hombre distinto.
  3. El núcleo familiar, es otro de los limites de mi libertad, así como también mi ambiente nacional. Yo no puedo dejar de haber nacido uruguayo ni de tener la familia que he tenido.
  4. Finalmente encontramos un limite natural, que es el propio mundo que me rodea y en donde existo, y dentro de él, precisamente, están los demás hombres que conmigo forman la humanidad, a los cuales tengo que respetar.
Los limites artificiales son los que el hombre ha ido creando y organizando para realizar con eficacia lo que llamamos, convivencia social. Así, los hombres se han impuesto una serie de normas que limitan la actividad de cada cual, para permitir que el prójimo pueda disfrutar también de su libertad. Estos limites, han sido creados por vía del establecimiento de costumbres, hábitos, y usos sociales, normas de convivencia, y lo que esta mas organizado y concreto, que actualmente llamamos orden jurídico.
EL LIBRE ALBEDRÍO
"El libre albedrío y la libertad, son ilusiones necesarias "
Jorge Luis Borges, agosto de 19761.
La expresión libre albedrío se identifica con la libertad de elección y se la pude definir como: el ... " poder que en virtud del cual el hombre puede elegir entre acciones contrarias sin ser determinado por ninguna necesidad."2
O como dice Sebastián Sánchez Rincón ... " el libre albedrío es un poder moral de romper los vínculos morales que me constriñen"3.
Es, en fin, la posibilidad de elegir entre el bien y el mal.
Considerando esto, cabe señalar que la expresión liberum arbitrium, fue fundamentalmente usada por filósofos cristianos. Desde el momento que se proclamo que la naturaleza del hombre había sido completamente corrompida por el pecado original, se tuvo claro que el hombre mediante el libre albedrío podía elegir el bien o elegir el mal, por lo que los pensadores cristianos trataron de fundamentar que, solo con la gracia o auxilio de Dios, se podía elegir el bien y encontrar la salvación eterna.
Por una parte, San Agustín expone su fundamentación distinguiendo el libre albedrío, de la libertad propiamente dicha. Para él, el libre albedrío es " la facultad de la razón y de la voluntad por medio de la cual es elegido el bien, mediante el auxilio de la gracia ( de Dios), y el mal, por la ausencia de ella."4. En cambio la libertad seria para él, el buen uso del libre albedrío , o sea, la elección del bien. Así mismo se entiende que el hombre no es libre cuando posee libre albedrío, sino que depende del uso que haga de él.
A su vez, Santo Tomás dice que en la elección en la cual el hombre usa el libre albedrío, puede haber error, puede elegir mal. Y si el hombre elige por si mismo y sin ayuda ninguna de Dios, elegirá ciertamente mal. De esta forma afirma que hay libertad de elección completa, ya que tal libertad es "la causa de su propio movimiento, ya que por su libre albedrío el hombre se mueve a si mismo a obrar".5 Además, nos dice que el hombre realmente posee libre albedrío, porque de otra forma, los consejos, premios y castigos carecerían de sentido.
Para Erasmo, el libre albedrío es "... un poder de la voluntad por medio del cual el hombre puede consagrarse a las cosas que conducen a la salvación eterna o puede apartarse de ellas"6. Según Lutero, esta definición de Erasmo es independiente de la Biblia, y por lo tanto, contraria a ella. Teniendo como base la Biblia, Lutero sostenía, que nadie puede ser salvado si solamente confía en el libre albedrío, pues un demonio es mas fuerte que todos los hombres juntos. Para él, no solo la palabra de Dios es necesaria, sino que lo es absolutamente.
Considero que lo expuesto ha sido útil para dilucidar nuestras dudas con respecto al libre albedrío.
FUNDAMENTACION DEL LIBRE ALBEDRÍO EN PRO DE LA LIBERTAD HUMANA.
Sebastián Sánchez Rincón, en su libro " Síntesis Filosófica"1 expone cuatro argumentos o fundamentaciónes que tiene el " libre – arbitrismo" en pro de la libertad humana. Esto son: el argumento de la conciencia, el argumento moral, el argumento social y el argumento meta físico. Con su ayuda, nos proponemos desarrollar cada uno.
Argumento de la conciencia ( experiencia interna)
Se subdivide en tres aspectos:
  1. En el momento de la deliberación ( hablamos del proceso volitivo), cuando analizamos las ventajas y desventajas que tenemos para obrar hacia una u otra cosa, "nos intuimos que podemos tomar uno u otro partido, sin que nos sintamos forzados fatalmente hacia uno de ellos determinados".
  2. En el momento de la decisión ( nos aclara Sánchez Rincón, que se denomina "fiat"), nuestra conciencia nos atestigua que podríamos efectivamente seguir un camino diferente al elegido. Por ejemplo, si decido ir a un lugar, concretamente al cine, tengo claro también por intuición de mi conciencia que podía haber decidido ir a otro lugar.
  3. En el momento de la ejecución, nuevamente nuestra conciencia nos atestigua que podríamos dar marcha atrás aun luego de haber comenzado la acción.
Argumento moral
Este argumento se fundamenta en tres elementos esenciales:
  1. La obligación moral presupone la libertad de nuestra voluntad; porque si nos sentimos obligados a seguir las leyes, hacer el bien, etc., es porque nos consideramos libres de hacerlo o no. Si nos obligan a hacer una cosa, es porque no podemos hacerla.
  2. La responsabilidad moral, solo tiene sentido si somos libres. Es claro que si alguien se siente responsable de haber actuado mal o haber cometido un delito, es porque esa persona se da cuenta de que tuvo la posibilidad también de no haber actuado mal o no haber cometido el delito.
  3. La culpa. Según Hartmann cuando el hombre actúa mal, su conciencia moral lo reprende, y frecuentemente surge en el individuo el arrepentimiento por haber actuado así. Esto atestigua la libertad o auto determinación de la voluntad humana, pues ninguna hombre se sentiría culpable si considera que ha actuado forzado y contra su voluntad, o sea, que no ha actuado libremente.
Argumento social
El ordenamiento jurídico de un país, las sanciones, las multas, las cárceles, los monumentos a sus héroes, los consejos, las amenazas, las promesas, y una infinidad mas de cosas, atestiguan, por consentimiento universal que el hombre es libre. "Porque ¿qué sentido tendría el monumento a Artigas, y que valor tendría éste como fundador de la Patria y la democracia Americana si hubiese nacido fatalmente obligado a hacer lo que hizo? ¿y que culpa tiene un preso en la cárcel si ya estaba fatalmente determinado y obligado a perpetrar el delito que cometió?". Si un país levanta monumentos a sus héroes y asegura en las cárceles a los delincuentes, es porque el país y la sociedad están convencidos de que sus héroes podrían no haberlo sido y sus delincuentes podrían no haber cometido sus delitos.
Argumento metafísico
Esta es la argumentación de Aristóteles y Santo Tomás para probar la libertad moral de la libertad humana: ellos afirman que la voluntad, guiada siempre y naturalmente por la inteligencia (o entendimiento), tiene siempre y naturalmente al bien como la flecha al blanco, porque es su objeto propio. El objeto propio del oído son los sonidos, el de la vista la luz, los colores; el oído no tiende a los colores, ni la vista a los sonidos; cada órgano tiende a su objeto propio. Es así que, la inteligencia tiende a la verdad, como la voluntad lo hace al bien.
Pero aclaran, que en la vida cotidiana la inteligencia humana no conoce en forma perfecta el bien supremo, y en consecuencia la voluntad tampoco lo conoce, o sea, que no puede entender a el; todos los bienes que conoce son relativos, imperfectos, limitados. Si conociera el bien supremo este arrastraría necesariamente a la voluntad. Ante este bien la voluntad humana no seria libre, seria arrastrada por el, porque colmaría todos sus anhelos por ser su objeto propio. Por otro lado, los bienes imperfectos, relativos, no arrastran necesariamente a la voluntad humana, pues solo la atraen en cuanto tiene algo de bien y no la atraen en cuanto tienen algo de limitados, imperfectos. Es así que somos libres de elegir entre los bienes que se nos presentan. La elección, supone una deliberación y esta la libertad de decidirnos por uno o por otros, pues hay muchas posibilidades que se nos presentan igualmente buenas o igualmente imperfectas.
LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD
"La libertad, como el agua, es peligrosa cuando se desborda"
Jaime Barylko1.
"Hombre libre es aquel que puede prometer, y aquel que puede traicionar."
G. Marcel2.
Se dice que una persona es responsable cuando esta obligada a responder por sus propios actos. La libertad, en cierta forma, es definida por la responsabilidad, así también, el fundamento de la responsabilidad esta en la libertad de la voluntad humana. En efecto, en un mundo cuyos fenómenos estuvieran todos enteramente determinados, la responsabilidad no tendría sentido.
El sentimiento de responsabilidad es un sentimiento personal, que compromete a cada persona y le hace comprender que no puede simplemente abandonarse a sus conveniencias individuales. La presencia de dicho sentimiento supone una sociedad bastante organizada donde existen la ley y la sanción. Mediante la ley se establece lo que llamamos derechos y deberes. Los derechos nos marcan hasta donde podemos usar con tranquilidad, con paz, y con autenticidad, nuestra libertad. Los deberes nos marcan las obligaciones que tenemos que cumplir para que nuestra conducta no viole las libertades de los otros. Si todos los hombres fuesen buenos, si todos fuesen morales, si todos fuesen correctos, si todos fuesen consientes del uso de su libertad en relación con los demás, en fin, si todos fuesen responsables no habría necesidad de que las sociedades estableciesen de un modo forzoso, los derechos y deberes que constituyen todo ordenamiento jurídico. Pero como no sucede así, no ha habido otra solución que imponer esos limites en el uso de nuestra libertad, para evitar la prepotencia de todos aquellos inclinados al desborde de la libertad (o libertinaje) a atentar contra la libertad del prójimo.
En el uso de mi libertad yo realizo un acto determinado; y todo acto produce inevitablemente una consecuencia. En conclusión, si uso mi libertad tengo que ser responsable de las consecuencias que produzca mi acto. Pero muchas veces, no todos estamos dispuestos a asumir esa responsabilidad por las consecuencias del uso de nuestra libertad, por eso, es necesario que exista un ordenamiento jurídico que organice el uso de las libertades.
Como dijimos anteriormente la libertad es esencial al hombre. Pero del mismo modo, no puede existir libertad sin responsabilidad, sin conciencia moral suficiente para sumir las consecuencias de nuestros actos. La libertad para ser autentica precisa los limites que impone la convivencia social.
Esta libertad efectiva solo existe plenamente cuando hay un equilibrio dinámico entre lo que podemos llamar el poder y la responsabilidad, es decir entre el derecho y el deber. Así mismo ese equilibrio debe estar regulado por la conciencia moral de los hombres que viven en una sociedad. Conseguir el equilibrio para el uso suficiente de la propia libertad, asumiendo nuestra propia responsabilidad como individuos que somos, es llegar a ser verdaderamente hombres dignos de convivir socialmente entre los demás.
EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD DE NUESTRA VOLUNTAD
"El hombre es libre de hacer lo que quiere; pero no de querer lo que quiere" Schopenhauer1.
El planteamiento filosófico de la libertad de nuestra voluntad tiene como fin averiguar si ésta procede o actúa necesariamente obligada, o sea, determinada, impulsada por antecedentes a realizar sus actos, o bien si actúa sin ésta determinación, sin estar obligada. En otras palabras, si se determina a si misma y por si misma, aun en contra de los antecedentes y aunque se oponga a ellos; si lo hace porque quiere, porque ella decide, porque ella elige, porque ella es "arbitro de su acción"2.
En otro aspecto; cabe aclarar que como la esencia de la voluntad es el querer, y querer es preferir, el hombre no se halla arrastrado por sus tendencias, si no que se halla frente a ellas, en un continuo preferir o descartar. A su vez, lo que el hombre quiere se convierte en un elemento integrante de su propia realización. El querer no deja intacta la vida humana, sino que la va constituyendo en un carácter. No se puede querer siempre lo que se quiere, si no lo que se puede querer. Y lo que se puede querer puede cultivarse hasta llegarse a un dominio de si mismo, o puede angostarse hasta llegar a una esclavización de si mismo. El dominio de si, que es producto del cultivo, hasta el máximo de la posibilidad de querer, es la libertad. Esta no aparece desde afuera como un postulado ético, si no que surge desde dentro, como característica de la voluntad. La libertad se halla fundada en la volición y; como la volición es tendente, se halla a si mismo fundada en las tendencias, las cuales no constituyen un obstáculo para su libertad, si no que son la condición que la hace posible.
Para Kant, la libertad de nuestra voluntad consiste en poder producir efecto sin ser determinada por ninguna cosa que no sea ella misma. Además, destaca el aspecto moral de la voluntad; dice así que, la voluntad es autónoma cuando da origen a la ley moral y no se halla subordinada a prescripciones dependientes de fines ajenos a ellos. Este seria el sentido primario y mas importante de la voluntad, a la cual Kant, denomina buena voluntad. En cambio, para Fichte, la libertad se ejerce a través de la voluntad pura, y aclara que, ésta no solamente vence los obstáculos, sino que inclusive los crea para vencerlos.
A continuación, pasaremos a desarrollar el problema planteado en un principio, la eterna batalla entre deterministas e indeterministas.
DETERMINISMO
"Una inteligencia que conociera en un momento dado todas las fuerzas que actúan en la naturaleza y la situación de los seres humanos que se compone, que fuera suficientemente vasta para someter estos datos al análisis matemático, podría expresar en una sola formula los movimientos de los mayores astros y de los menores átomos. Nada seria incierto para ella, y tanto el futuro como el pasado estarían presentes en su mirada".
Laplace1.
En un sentido general, la doctrina determinista afirma que todo lo que ha habido, hay y habrá, y todo lo que ha sucedido, sucede y sucederá, está de ante mano fijado, condicionado y establecido, no pudiendo haber ni suceder mas que lo que esta de antemano fijado, condicionado y establecido. El determinismo es considerado como un condicionamiento previo de todos los fenómenos del universo y además esta asociado a la idea de casualidad que rige el universo entero. También se afirma que habiendo un encadenamiento riguroso de los fenómenos, la existencia misma, de la libertad humana, se desvanecería. Tratando de encontrar una solución a este problema, Kant diferenciaba el mundo de los fenómenos (fenoménico), donde si hay determinismo, del mundo nouménico de la libertad, donde no se podría explicar el determinismo. Sin embargo los deterministas han concentrado sus argumentos no solo en poner en duda la libertad, sino también en negarla. Dicen que tal vez nuestra libertad se trate de una creencia, de una ilusión que se debería a la imposibilidad que tenemos de conseguir un conocimiento completo de todo lo que sucede en el universo. Como todo lo que hacemos, lo hacemos por un motivo, nuestras acciones acabarían siendo resultado de la tendencia dominante. Como todo lo que sucede tiene una causa anterior, en realidad acabaría imponiéndose la necesidad. Todo estaría perfectamente determinado, todo seria previsible porque todo lo que hagamos estaría rigurosamente regido por leyes. En conclusión, como dice Cuellar2, ... " nuestra experiencia de libertad se reduciría a ser una ingenua ilusión de libertad."
La doctrina determinista no es susceptible a prueba; por cuya razón el determinismo es habitualmente considerado como una hipótesis. Una hipótesis metafísica o científica. Frente a esto, los deterministas aducen que aunque su doctrina no puede probarse, ello se debe al carácter finito de la mente humana y a la imposibilidad de tener en cuenta todos los factores, o mejor dicho, estados del universo.
A continuación expondremos los diferentes tipos de determinismo, como manera de ayuda para entender mejor esta doctrina.
Tipos de determinismos
El determinismo ha tomado diferentes formas según sea el factor juzgado como determinante de nuestra libertad. Es así, que pueden distinguirse en:
Determinismo fisiológico, el cual es defendido por muchos psicólogos y filósofos materialistas; y que afirma que nuestra libertad, no es mas que el resultado de fuerzas fisiológicas, sobre todo las del funcionamiento del sistema nervioso, que entran en juego al obrar. Seria igual a un acto reflejo pero extraordinariamente mas complejo. Aclaran, que así como las maquinas de la cibernética se autorregulan y parecen tomar decisiones partiendo de datos informativos que reciben, de igual forma los actos considerados libres por nosotros no serian mas que un producto necesario de un complejísimo proceso nervioso-cortical absolutamente determinante.
Como critica a este determinismo se ha subrayado de que no deja de ser sorprendente que un acto reflejo sea vivido no de un modo pasivo, sino en forma activa, como fruto de nuestro esfuerzo personal. Nos sentimos protagonistas del mismo y no solo un escenario pasivo del juego de fuerzas fisiológicas que provocarían el acto al margen de nuestra eficaz iniciativa personal. Además, se ha hecho observar que la conducta humana no esta totalmente dominada por fuerzas fisiológicas, pues el hombre a veces obra sacrificando su propio instinto de auto conservación para conseguir valores como la verdad, el bien, la justicia, etc, que juzga insoslayables.
Determinismo psicológico, el cual se divide en dos formas principales: el psicoanalítico y el intelectualista. El primero afirma que el obrar del hombre adulto esta determinado por el inconsciente formado en la niñez. Esta forma completa psicológicamente al determinismo fisiológico y pone en manifiesto que la constitución del inconsciente infantil es obra del medio social, también relacionándose de esta forma con el determinismo sociológico que mas adelante veremos. El determinismo intelectualista sostiene que la voluntad, precisamente por ser una facultad orientada al bien, elegirá necesariamente la alternativa que la inteligencia presente como la mejor, de forma que quede determinada por ésta. Como critica se podría decir que quizás esta concepción no tenga suficientemente en cuenta que la inteligencia delibera (en la tercera fase del proceso volitivo) bajo la influencia de la voluntad, por lo cual el acto libre es en efecto conjunto de ambas facultades.
Determinismo sociológico, según el cual la sociedad es considerada como una conciencia colectiva que cada individuo interioriza de un modo particular, por lo que las reglas de conducta social ejercen una presión irresistible sobre los individuos. En otras palabras el ambiente social que nos rodea nos fuerza a obrar de determinada forma. Esta tesis estuvo representada especialmente por la " Escuela Sociológica Francesa" de los filósofos positivistas E. Durkheim y Levy-Bruhl.
De esta forma de determinismo, muchos de sus representantes encuentran serias dificultades al tratar de explicar las novedades y el progreso histórico, es decir, la creatividad innovadora e incluso revolucionadora del hombre.
Determinismo teológico, representado por los filósofos panteístas como, Spinoza, sostiene que un mundo distinto a Dios y capaz de ser y obrar aparte de El es contradictorio. Por esta causa Dios y el mundo se identifican y así el hombre es una parte de El. Consecuentemente, las decisiones humanas voluntarias, son en realidad sus decisiones. El problema que este determinismo presenta es la dificultad de conciliar la infinita perfección de Dios y su atemporalidad, con las imperfecciones físicas y morales de este mundo y con la sucesión temporal de los hechos que suponen un ir adquiriendo y perdiendo perfecciones.
Una modalidad de este determinismo es el predestinacionista; el cual es defendido por muchos pensadores protestantes y se apoya en dos razones fundamentales. En la primera razón argumenta que Dios conoce infaliblemente todo lo que hacemos, por lo tanto haremos necesariamente lo que Dios ha dispuesto y en conclusión no somos libres. La segunda razón, nos aclara que la causa segunda, (el hombre) recibe el ser y la operación de la causa primera (Dios), por lo tanto nuestra libertad depende de la voluntad divina y en conclusión tampoco somos libres.
Como critica al primer argumento los pensadores católicos señalan, que por ser Dios atemporal, o sea, eterno, no prevé nuestros actos antes de que ocurran. Dios tiene una visión intuitiva e igualmente presente de todos nuestros actos, tanto presentes, como pasados y futuros, pero aclaran que, estar viendo nuestros actos no equivale a estar determinándolos, o sea que no nos quita de forma alguna nuestra libertad.
Con respecto a la segunda razón, objetan que Dios efectivamente concurre en la actividad de los seres creados, pero que este concurso respeta la manera de obrar de los seres que ha creado. Así, Dios impulsa de un modo natural la voluntad hacia el bien, pero deja en manos la concreción que dará a dicho impulso. En este sentido, afirman que es Dios quien hace que seamos libres.
Vimos así, los principales tipos de determinismos, así como también las principales criticas contra sus argumentos
INDETERMINISMO
... " El hombre esta condenado a ser libre"
Jean–Paúl Sartre1.
Generalmente se denomina indeternimismo a la doctrina según la cual los acontecimientos de cualquier índole que sean no están determinados. Como vimos anteriormente, según el determinismo, todo sucede necesariamente, en cambio, el indeterminismo afirma que nada sucede en forma necesaria, o algunos acontecimientos por lo menos tienen lugar de un modo no necesario. En este sentido podemos decir, que el indeterminismo se contrapone totalmente al determinismo, dependiendo ambos conceptos de su mutuo sentido. También cabe señalar que el indeterminismo suele negar no solo que los acontecimientos estén determinados, sino también, la razón de la supuesta determinación.
Además, se puede distinguir entre un indeterminismo general e indeterminismos especiales. El primero se refiere a cualesquiera acontecimientos; en todo caso, abarca por igual los acontecimientos físicos y los psíquicos. De los indeterminismos especiales se destacan dos: uno denominado indeterminismo físico, y otro, llamado según casos, indeterminismo psicológico o psíquico, o espiritual o espiritualista. Estos últimos tipos de indeterminismo son los que nos interesan, pues han planteado y defendido argumentos en pro de la libertad humana, cuando ésta ha sido objeto de cuestión. Pero cabe señalar, que con frecuencia se ha distinguido entre el indeternimismo y la afirmación de la libertad, pues estos solo la defienden cuando la libertad es entendida como un acto radical de ponerse a si mismo, de auto afirmarse en cuanto a la existencia.
Como podemos observar en la cita introductoria, según Sartre el hombre se ve forzado a ser libre, y en cierta forma tiene razón, pues sabiendo que nuestra vida consiste en tener que elegir lo que vamos a hacer y por lo tanto lo que vamos a ser, no podemos eludir esta tarea. Aun en el caso de "no elegir", al hacerlo, aunque no nos demos cuenta, hemos elegido. O sea, que hemos elegido no elegir. De esto podemos deducir que nos hallamos siempre en la necesidad de ejercitar nuestra libertad para poder elegir, y como siempre nos vemos forzados a elegir, Sartre afirma que estamos forzados o condenados a ser libres. Para el somos tan libres que no podemos renunciar a nuestra libertad del mismo modo que no podemos renunciar al cuerpo que nos ha tocado. Aun cuando existiese un hombre que quisiera renunciar a ser libre y pidiese que lo encierren en una cárcel, aun en este caso el hombre seguirá siendo libre, pues, si bien, su cuerpo estaría encerrado, su alma y su mente seguirán siendo libres. Queda así expuesto, el pensamiento de un filósofo indeterminista como Jean-Paúl Sartre.
DISTINTOS ARGUMENTOS EN PRO DE LA LIBERTAD HUMANA
A continuación expondré los principales argumentos aducidos por los filósofos indeterministas.
En primer lugar, nos dice que solo admitiendo la realidad de nuestra libertad psíquica podemos explicar en forma satisfactoria el testimonio de nuestra conciencia, de sentirnos dueños y autores de nuestros propios actos. Si fuera una ilusión que se origina por nuestro desconocimiento de las causas que nos determinan a obrar, no tendría sentido que ese desconocimiento fuera vivido y sentido como iniciativa y dominio activo- reflexivo sobre el acto. Lo lógico seria que nos sintiéramos como espectadores pasivos del acto y no sus protagonistas activo. Esta experiencia vivida por nosotros estaría en absoluta oposición a la realidad. Concluyendo trascribimos una cita de Bergson, quien afirma que " la libertad es un hecho y, entre los hechos que observamos, no hay otro mas claro"1.
El segundo argumento dice que si el hombre no tuviera libre albedrío no tendrían sentido los consejos y las exhortaciones, las prohibiciones y los preceptos, los castigos y las recompensas.
Tampoco tendrían sentido las promesas, los contratos, y las demás formas de compromiso, porque "constituyen la esencia de una promesa el que pueda ser quebrantada" G. Marcel2. Además, se aclara que esta prueba tiene un alcance limitado, pues no es propiamente una demostración de que el hombre es libre, sino, solo una demostración de que los hombres siempre se han creído libres. Hablamos entonces de una creencia universal, que induce a pensar que lo mas probable es que le hombre sea libre.
En tercer lugar, argumentan que el hombre es capaz de obrar rompiendo con necesidades y tendencias biológicas tan importantes como su propio instinto de auto conservación, sacrificando su vida, por ejemplo, por ideales o valores.
Finalmente los filósofos indeterministas, nos aclaran que la voluntad solo puede querer lo que ha sido previamente conocido. Si el objeto conocido es bueno, absolutamente y en todos sus aspectos, la voluntad tendera necesariamente hacia él. Si el objeto, en cambio, no es bueno, absolutamente, puede ser juzgado no bueno y no amable. La voluntad en este caso no tiene necesidad de quererlo. Pero como ningún objeto en el mundo es absolutamente bueno, o sea, no es bien perfecto, la voluntad no esta determinada por ningún bien en particular. Si lo quiere, es porque lo elige, es decir, se auto determina a si misma.
Cabe señalar que los argumentos expuestos por los indeterministas son similares a los que vimos anteriormente como razones que tenia el libre albedrío a favor de la libertad humana.
LA LIBERTAD COMO POSIBILIDAD HUMANA
"Se puede ser indeterminista o determinista; pero hay que creer en la libertad" Carlos Vaz Ferreira1 .
Frente a los defensores y detractores de la libertad humana se puede hallar también a lo largo de la historia de la filosofía quienes han intentado explicarla a través de una vía intermedia. Encontramos así, en la filosofía clásica, a los estoicos, quienes hablaron de la libertad de indiferencia en el ser humano, que se fundamentaría en el conocimiento y la aceptación de los acontecimientos tal y como vienen impuestos por el destino o la necesidad, pero no como resignación sino para obrar de acuerdo a ellos, tomando conciencia su racionalidad; para los estoicos este el ideal del hombre sabio y en consecuencia, único que podría ser libre.
Tiempo después en el cristianismo San Agustín habló de la libertad de conciencia, la que consistiría en que aunque Dios impulsa nuestro obrar, nos experimentamos libres y responsables de nuestros actos en nuestro interior.
Los escolásticos medievales, a su vez, defendieron la libertad humana para poder reafirmar así, la responsabilidad del hombre como ser racional, características distintivas de los demás seres de la naturaleza. Luego Santo Tomás, en el siglo XIII, habló del libre albedrío, doctrina que ya hemos desarrollado.
En el siglo XVI, los escolásticos españoles para defender la libertad del hombre de las criticas efectuadas por la reforma luterana, la cual afirmaba que era incompatible la libertad humana con la presciencia divina o determinación del obrar humano por parte de Dios, introdujeron el concepto de ciencia media explicando así el concurso simultaneo de Dios y el hombre en el obrar humano.
La filosofía moderna del siglo XVII en su concepción secularizada, que contemplaba al hombre en su estado natural, expone a través de Thomas Hobbes la idea de un estado autoritario como garantía del ejercicio la libertad del hombre; aclaraba que solamente dentro de las leyes del estado el hombre puede ser libre. Por otro lado John Locke, exigía, a diferencia de Hobbes, que el pacto social fuera un pacto igualitario por el cual el hombre entrega su voluntad a el estado para que el, la mantenga y la haga posible.
En el siglo XVIII, Immanuel Kant, aclaraba que "... en el transcurso de nuestra propia vida, en este mundo sensible de los fenómenos, cada una de nuestras acciones puede... y debe ser considerada, desde dos puntos de vista distintos. Considerada como un fenómeno que se efectúa en el mundo, tiene sus causas y esta determinada íntegramente. Pero, considerada como la manifestación de una voluntad, no cae bajo el aspecto de la causa y la determinación, sino el aspecto del deber: y, entonces, bajo el aspecto de lo moral o lo inmoral..."2, o sea, bajo el aspecto de la libertad.
Kant habló de una libertad formal que a su vez abrió las puertas a planteamientos tan opuestos como los materialistas (libertad contra la alineación humana) o los idealistas (libertad de espíritu).
A lo largo del siglo XX, se ha ido gestando una nueva imagen del mundo, apoyada por los avances científicos como la teoría de la relatividad de Einstein, el principio de indeterminación de Heisenberg, la física quántica o la teoría de la evolución de Darwin, que han permitido la superación del modelo mecanicista de la física de Newton. Admitiendo así, la probabilidad de explicar los fenómenos naturales, posibilita conjugar las categorías de indeterminación y necesidad permitiendo nuevos planteamientos a la comprensión de la libertad humana.
CONCLUSIÓN GENERAL
La libertad es la condición más preciada del hombre, característica esencial que lo diferencia de los otros seres de la naturaleza. Como dice E. Rabier "... los hombres creen en su libertad, y se atribuyen con razón o sin ella, el poder de elegir entre varias resoluciones..."1. Esta experiencia que todos compartimos está íntimamente ligada a la ejercitación de nuestra voluntad. Es mediante el acto volitivo que el hombre efectivamente hace uso y lleva a la practica su libertad. "La libertad es entonces una fuerza positiva, en el nuevo y creador sentido que se introduce en el mundo en el cual activamente participamos y cuya maravillosa síntesis el hombre, es el único ser privilegiado que también puede expresarlo, en la armoniosa dinámica de las leyes que lo rigen..."2.
El hombre es persona y como persona se perfecciona moralmente si su elección la realiza como tal. En este mundo donde nuestro actuar esta condicionado y limitado natural y artificialmente, hablar de una libertad total seria una utopía. La sociedad, la cultura, la educación, las leyes, algunos factores internos como el miedo, etc limitan y a veces nulifican nuestra libertad. Pero en otro sentido, estos condicionamientos ayudan a lograr una libertad igual para todos, sin ventajas para nadie.
La libertad responsable debería ser el motor de nuestro obrar, colaborando así, con la edificación de la libertad de los demás, y dirigiéndonos siempre y en todos los casos a la elección del bien, único fundamento de nuestra existencia.
Es entendible que muchos filósofos se dediquen a defender o atacar nuestra libertad, pero esta lucha, es una lucha teórica que poco importa en la realidad. Somos libres porque nuestra conciencia y nuestro obrar lo atestiguan. Pero como dice Galeano "no se puede predicar la libertad sino se empieza por practicarla"3 por eso para finalizar el consejo de Savater: "cuando cualquiera se empeñe en negarte que los hombres somos libres,"4 aplícale la prueba del filosofo romano. En la antigüedad, un filosofo romano discutía con un amigo que le negaba la libertad humana y aseguraba que todos los hombres no tienen mas remedio que hacer lo que hacen. El filosofo cogió su bastón y comenzó a darle estacazos con toda su fuerza. <<¡Para, ya esta bien, no me pegues más!>> Le decía el otro. Y el filosofo, sin dejar de surrarle, continuo argumentando: <<¿No dices que no soy libre y que lo que hago no tengo mas remedio que hacerlo? Pues entonces no gastes saliva pidiéndome que pare: soy automático.>> Hasta que el amigo no reconoció que el filosofo podía libremente dejar de pegarle, el filosofo no suspendió su paliza."5 Cabe aclarar como lo hace Savater que esta es una prueba buena, pero que no debe ser utilizada más que en ultimo caso y siempre con amigos que no sepan artes marciales.

martes, 12 de enero de 2010

COELHO: "EL GRAN PROBLEMA ES QUE EL GOBIERNO NO CUMPLE CON LAS LEYES"

Pablo Coelho expresó que "se van acumulando situaciones y vemos que cada incidente, tiene un denominador común: quienes tienen la responsabilidad de gobernar no respetan las leyes".

El dirigente del PRO se manifestó disconforme con la gestión municipal y declaró que "el incidente con los controles de alcoholemia de un funcionario municipal, el tratamiento que se le está dando al tema de la nocturnidad, el manejo de la problemática de la seguridad y una larga lista de problemas que tenemos obedecen a una sola cosa y es que el Gobierno no cumple con las normas" enfatizando que "no se cumple con lo que las leyes y ordenanzas indican que tiene que hacer".

"Por eso no se presentó la rendición de cuentas, por eso hay comercios que trabajan fuera de lo que les permite la habilitación y las leyes, por eso tenemos un basural a cielo abierto que nos está contaminando a todos, por eso se compra mal y con sobreprecios, por eso los funcionarios se manejan con impunidad por las calles atiborradas de mercadería trucha e ilegal que no se fiscaliza y por eso todos los días los sufrimos más y más inseguridad mientras desde el Gobierno festeja el "éxito" que le marcan las estadìsticas" se lamentó Coelho.

"Lamentablemente desde arriba no se dan buenas señales y es por eso que desde el PRO insistimos en que debemos apostar por el imperio de la Ley, ya que solo la convivencia pacífica y ordenada nos permitirá sentar las bases de una sociedad más justa" agregó Coelho quien finalizó diciendo que "queremos una sociedad con trabajo, educación, justicia y seguridad en la que todos los ciudadanos tengamos igualdad de oportunidades para progresar y cumplir sus sueños".

jueves, 26 de noviembre de 2009

La República Liberal (Argentina 1880-1916)

En este artículo hablaremos un poco de la Argentina durante la "Generación del 80", es decir durante los años 1880 y 1916.

El mismo contara con una breve explicación de lo que sucedió entre 1828 y 1880, explicare las características sociales, políticas y económicas de la época; y para finalizarlo incluiré la reforma electoral de 1912.

Introducción

En el año1828 le ofrecen el poder a Rosasy el pide como condiciones, la suma del poder político y facultades extraordinarias, a pesar que no se la dan Rosas asume al poder. Pasado tres años, en 1832, Rosas decide renunciar a su cargo y inicio la "Campaña del desierto", mientras tanto en Buenos Aires, asumían los gobiernos de Balcarce, Viamonte y Maza.
En 1835 Muere Maza y le volvieron ofrecer el gobierno a Rosas, y le ofrecen la suma del poder político y facultades extraordinarias a cambio de que el Pacificara y Unificara el territorio nacional, además debía hacer una constitución.
Todos los años de su mandato, Rosas, presentaba su renuncia que año tras año era denegada, hasta que en 1851 Urquiza le acepta la renuncia y se pronuncia contra Rosas y ocurre la batalla de Caseros, que es ganada por Urquiza y provoca que Rosas se exilie en Inglaterra.
A consecuencia de esto Urquiza asume al poder, pero deciden no darle todo el poder a él solo, entonces el poder se divide. En 1853 Urquiza, cumpliendo con las promesas de Rosas, firma la Constitución de 1853.
En 1861 Mitre se enfrenta a Urquiza en la batalla de Cepeda que también es ganada por Urquiza. En 1862 Mitre vence a Urquiza en la batalla de Pavón, y a partir de aquí comienza una nueva etapa de la Argentina, con las presidencias de Mitre, Sarmiento y Avellaneda.

Características Políticas


En 1880 Julio A. Roca asumió a la presidencia de la nación. El nuevo mandatario contaba con el apoyo de la liga de gobernadores, gestada durante el gobierno de Avellaneda e integrada por los gobernadores de varias provincias.
La alianza con las elites provinciales sumada al destacado papel despeñado por Roca en la "conquista del desierto" y en la represión de la Rebelión porteña encabezada por Carlos Tejedor, le brindaron el poder y prestigio necesarios para imponer su lema "Paz y Administración" en el marco irrestricto de la constitución.
Esto significo entre otras cosas el fortalecimiento de la autoridad del Estado y la centralización del poder en el poder ejecutivo. Su base de apoyo fue el partido autonomista nacional (PAN)
A partir de 1880 el controldel poder económico y político del país quedo en manos de una minoría de grandes propietarios y "Notables".
La concentración del poder y el manejo excluyente del gobierno por esa elite dio a lugar a régimen político conservador u oligárquico que se prolongo por más de 3 años.
Una de las características principales del régimen oligárquico fue que el acceso a las más altas magistraturas se reservaba para los miembros de la elite nativa, quienes se consideraban los más capaces para gobernar.

Características Económicas

Este se basaba en el modelo agro-exportador, el propósito del mismo era asegurar la juridicidad y el progreso.
 partir de 1880 impusieron el modelo de desarrollo económico para el país basado en las exportaciones crecientes de la producción agropecuaria de las praderas templadas de La Pampa. A consecuencia de esto se produjo una transformación de la sociedadArgentina. A su vez se fue organizando un régimen político oligárquico.
La economía comenzó a organizarse como complemento de la economía industrial europea, y particularmente inglesa.
Esto formaba parte del auge de la economía capitalista mundial. La economía mundial produjo cambios en la organización de producción, en la sociedad y en la política. Se lo denomina así porque el sector productivo más importante fue el agrícola- ganadero.
Las carnes fueron el factor dinámico del desarrollo. Pero los motores del crecimiento económico fueron los ferrocarriles y los frigoríficos.

Características Sociales

Sobre las bases y condiciones favorables que ofrecía el mercado mundial, los gobiernos del periodo consolidaron el estado, dictaron leyes de carácter liberal y aplicaron políticasque promovieron la modernización económica y social
Algunas de esas medidas tendieron a fortalecer el poder del gobierno central. Así por ejemplo en 1884 se dicto la ley 1420 de educación, que estableció que la educación primaria fuera gratuita, obligatoria y laica para los niños comprendidos entre 6 y 14 años de edad.
Uno de sus propósitos era la integración de los hijos de extranjeros, respetando la diversidad de cultos que profesaban.
Otra reforma de carácter liberal fue la creación del registro civil en 1884, que significo traspasar al ámbito estatal el registro de los nacimientos y defunciones que desde la época colonial realizaba la iglesia católica.
Esta medida se completo con la sanción de la ley de matrimonio civil en, 1888.
La ley de inmigración, dispuso la protección de los extranjeros jornaleros, agricultores, artesanos, etc., menores de 60 años, que llegaran al país en buques con pasajes de 2 o 3 clase.
Las clases sociales de la época se dividían en: Elite tradicional: Se identificaban diferentes del resto de la gente prestándose como representantes de la nacionalidad. En 1880, con la expansión económica esta se amplió.
Aparecieron nuevos sectores de comercio de exportación comerciantes, financieros y banqueros; E Inmigrantes: eran los trabajadores, obreros artesanos, etc.

Reforma electoral de 1912

Si bien En esta época de la historia argentinatambién había elecciones, no eran como las que conocemos ahora, sino que eran en la puerta de la iglesias, eran votos cantados, y o todos tenían la posibilidad de elegir a su gobernadores, por esto el PAN (Partido Autonomista Nacional) siempre ganaba las elecciones ya que estaban arregladas.
Sin embargo a la Unión Cívica Radical (UCR) le parecía injustas estas elecciones porque ellos nunca llegaban al poder, entonces en 1890 hicieron un golpe de estado que terminó con la muertedel presidente Juárez Celman que fue sucedido por su vicepresidente Pelegrini hasta 1892 donde terminaba el mandato del presidente muerto, pero otra vez un presidente del PAN llego al poder.
Entonces 1912 la UCR organizo una nueva revolución, que si bien fracaso, muchos pensaban que se debía integrar ese partido a la vida política nacional, Por esto se propuso la reforma electoral con el fin de descomprimir las amenazas sociales y políticas.
Convencido de que la oligarquía triunfaría en los próximas elecciones, el gobierno del presidente Roque Sáenz peña, hizo un ley que establecía el voto universal, secreto y obligatorio.
Cuando esta ley se aplicó por primera vez en 1916 el triunfador fue el líder de la UCR, Hipólito Yrigoyen.

Santiago Deprati

domingo, 8 de noviembre de 2009

Cayó el Muro; el socialismo, vive

Veinte años después Berstein ha triunfado y los grandes perdedores son Marx y Adam Smith. Desafortunadamente, la socialdemocracia parece ser reconocida hoy como el paradigma de la virtud política. La izquierda se ha apropiado de la ética. Por eso, Europa languidece y grandes regiones de América latina se han hundido en el realismo mágico.

Mañana se cumplirán veinte años de la caída del Muro de Berlín y de la consiguiente implosión del Imperio Soviético. Recuerdo que en aquella oportunidad la revista The Economist publicó un artículo cuya conclusión fuera que la caída del Muro representaba la verdadera división de Alemania. Más recientemente el ex canciller Helmut Kohl expresó: "Los alemanes no tenemos muchas cosas en nuestra historia de las que nos sintamos orgullosos, pero independientemente de estas realidades históricas, no puede menos que alegrar el fin del régimen más criminal que haya sufrido la humanidad"

Lamentablemente, no obstante, es un hecho indudable que la caída del Muro no ha significado, como predijera Fukuyama, el triunfo de la democracia liberal ni en el mundo ni en la Unión Europea en particular. Por el contrario es un hecho evidente que la desaparición de la realidad criminal del régimen comunista, solo permitió el reverdecimiento de la ilusión de la utopía socialista que hoy abruma a la Unión Europea, y amenaza a nuestro continente de manos de los Castro y Chávez. Debe reconocerse que es por la evidente inviabilidad del llamado sistema de bienestar, que la Unión Europea padece hoy una crisis económica, y no -como pretendiera la Señora Merkel- por culpa de los avariciosos banqueros americanos.

Podemos decir entonces que la caída del Muro de Berlín ha significado el triunfo de Eduard Bernstein sobre Karl Marx y Adam Smith. Fue Bernstein quien en su obra Las Precondiciones del Socialismo, publicada en 1899, desmitificara las predicciones de la dialéctica marxista sobre la revolución y la dictadura del proletariado como prolegómenos del fin de la historia. Asimismo confundió el sistema liberal imperante y al respecto dijo: "El socialismo es el heredero legítimo del liberalismo; no hay un solo pensamiento liberal que no pertenezca a los elementos de las ideas socialistas". Si bien la crítica a Marx es indiscutible y la caída del Muro es su prueba manifiesta, su apreciación del liberalismo respecto al socialismo es un equívoco ético y político incontrastable.

SON COSAS DISTINTAS

En primer lugar, el liberalismo parte de la inmutabilidad de la naturaleza humana (Hume) y el socialismo por el contrario supone la creación del hombre nuevo (Rousseau). En consecuencia, el liberalismo reconoce el derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad, que entraña el reconocimiento ético de los intereses particulares, no contrarios per se a los intereses generales. El socialismo por el contrario podría decirse que reconoce el derecho del hombre a que la sociedad o a que el Estado le otorgue la felicidad, pues los intereses particulares son contrarios al interés general y por consiguiente no éticos.

El resultado de esta contradicción ético-filosófica tiene un efecto político que es el siguiente: en tanto que el sistema liberal promueve la limitación del poder político, pues los hombres no son ángeles, el resultado de la propuesta socialista es como reconociera Tocqueville la concentración del poder. La consecuencia es el desconocimiento de los derechos individuales y la inseguridad jurídica que conlleva, es la razón de ser de la pobreza, que supuestamente se quiere superar. En términos marxistas, sólo hay libertad donde se ha superado la escasez. Que le pregunten a los rusos, a los europeos del Este y más recientemente a los cubanos como se superó la escasez.


CAPITALISMO, NO

Debo aclarar que en todo momento me he referido al liberalismo como la oposición al socialismo, y no al capitalismo. El capitalismo fue la denominación que le dio Marx al único sistema que había creado riqueza en la historia para descalificarlo éticamente conforme a la teoría de la explotación, basada en la falacia de la teoría del valor trabajo. El sistema liberal no es un proyecto económico, sino político, sustentado en presupuestos antropológicos y éticos antitéticos a los del socialismo.

Desafortunadamente, la socialdemocracia parece ser reconocida hoy como el paradigma de la virtud política. Tanto así que Thomas Sowell dice que la izquierda se ha apropiado de la ética y el que no está de acuerdo con ella, no solo está equivocado sino que es un pecador (sic). Ya en 1977, Raymond Aron escribió Europa hipnotizada por el marxismo. La socialdemocracia -algunas veces denominada democristiana- es el marxismo aggiornado por Bernstein, sufragio universal mediante, como sustituto de la revolución y la dictadura del proletariado. Así en la obra citada sostiene: "En una democracia organizada de acuerdo a las ideas verdaderas de la soberanía del pueblo, esto es de acuerdo a los principios fundamentales del derecho de representación, cualquiera acción opresiva y corrupta de la autoridad sobre la nación es imposible". En esa aseveración tenemos manifiesto el concepto de la soberanía de Rousseau, del poder supremo de Kant y del Estado de Hegel.

REINA EL DESORDEN

Al respecto de la socialdemocracia europea, y dejando de lado las versiones del realismo mágico latinoamericano vale recordar las palabras de Paul Jonsohn publicada en julio del 2005: "No se puede negar que Europa como entidad está enferma y que en la Unión Europea reina el desorden". Y refiriéndose al pensamiento de Jean Monnet dice: "De hecho, durante una generación la Unión Europea ha avanzado en la dirección opuesta y creado un monstruo totalitario propio que literalmente expele normativas por millones e invade cada rincón de la vida econmica y social. Las consecuencias han sido terribles, una inmensa burocracia en Bruselas". Y por último señala que el desempleo crónico ha causado una ira depresiva cuya expresiín es el antisemitismo y el antiamericanismo.(sic)

El 26 de julio de ese mismo año, Ralf Dahrendorf escribió refiriéndose a la desesperacin cultural europea: "El capitalismo puro y la globalización evocan imágenes horribles y la repugnancia hacia la economía liberal y los mercados globales no se limita a Alemania. De hecho el tan aclamado modelo social (Estado de bienestar) es más un sueño que una realidad, el sueño de un mundo acogedor en el que un estado benévolo nos cuida".

Así estamos en el mundo de Rousseau habitado por el hombre nuevo. Como una prueba más de esa tendencia en un artículo del año 2008 Stephan Theil dice lo siguiente: "Tanto las escuelas de Francia como las de Alemania por ejemplo han colaborado para arraigar una seria aversión al capitalismo. El capitalismo mismo es es descripto como brutal, salvaje y americano".


LLEGO OBAMA

La situación es más preocupante, aun, si consideramos que aparentemente la política del presidente Obama muestra que ha olvidado el principio liminar de la democracia americana que es que las mayorías no pueden violar los derechos de las minorías. Su política respecto a la situación en Honduras muestra que ignora el rule of law en nombre del majority rule. Así declaró golpistas a los hondureños que intentan evitar que su país caiga bajo la férula Castro-Chávez.

Por último es evidente que en América Latina Lenín está presente en su ensayo Imperialismo Etapa Superior del Capitalismo. El antiimperialismo pareciera ser condición sine qua non para el acceso al poder en cualquiera de nuestros países.

La confusión reinante respecto a los derechos humanos que ignoran el derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad en nombre del derecho a que el gobierno benevolentemente se la conceda, significa la ausencia de seguridad jurídica y por supuesto la tendencia al poder absoluto en nombre del pueblo. En fin, celebremos con entusiasmo el símbolo de la libertad que entraña la caída del Muro de Berlín, pero sepamos que el panorama no es alentador, y por tanto la lucha por la libertad, que es el respeto por los derechos individuales y los límites al poder de las mayorías, es una constante y un deber inevitable.

Por Armando Ribas 
en http://www.laprensa.com.ar/346926-Cayo-el-Muro;-el-socialismo-vive.note.aspx

miércoles, 30 de septiembre de 2009

UNA LEY DE MEDIOS QUE SEA PARA TODOS LOS ARGENTINOS

Todos queremos una Ley de Medios que tenga como dogma garantizar la libertad, la diversidad de expresiones y el pluralismo de ideas.

Lamentablemente no parece buscar esos nobles fines un gobierno que pretende apurar con un frenesí inaudito la sanción de una norma tan importante para la salud de la República y de sus instituciones, en la creencia de que perdió una elección legislativa por exclusiva responsabilidad de los medios y no por el cansancio de gran parte una sociedad que se hartó del estilo autoritario y de confrontación permanente con que Néstor y Cristina Kirchner gestionan los asuntos de la Nación.

Este Proyecto oficial de Ley de Medios parece estar motivado, más bien, por la idea de controlar férreamente a los medios -y a sus periodistas-, haciendo que la autoridad de aplicación, manejada por algien muy cercano al poder, decida quienes serán los futuros dueños de los medios, para forjar de esta manera, un entramado de medios obsecuentes o por lo menos dóciles que trasmitan la verdad kirchnerista y aseguren la continuidad en el poder.

Valga la aclaración: Todos queremos una nueva Ley que realmente aporte más Libertad, mayor diversidad y la búsqueda de la verdad como forma de llevar más y mejores soluciones a las necesidades de la sociedad.
Pero, tanto el presente como el pasado de los Kirchner no los ha mostrado especialmente preocupados por la multiplicación de las voces, sino más bien por la instalación de un único discurso: El de ellos.

El peligro manifiesto es que el poder de turno, el actual o uno futuro, sea quien decida quienes van a ser los propietarios de las radios y los canales de televisión a través de una autoridad de aplicación cómplice para que, cartelizados y en aparente pluralidad, nos muestren una sola realidad tal como hoy hace, por ejemplo el INDEC, quien pretende mes a mes hacernos creer que «todo va mejor» mediante la publicación de índices falsos.

Así no se democratiza la sociedad, ni se busca la diversidad, ni se garantiza el acceso a la información. Tampoco así se combaten los monopolios.
Así, forzando los números y los tiempos no saldrá la Ley de Medios de todos los argentinos. Ni así tampoco se forjará la Argentina del Bicentenario que queremos los argentinos para nosotros y para nuestros hijos.
Lic. Pablo Coelho