lunes, 17 de noviembre de 2008

Deme su pensión que yo se la guardo

El matrimio presidencial argentino estaba pasando ya por serias dificultades antes de la crisis económica, porque, debido a la insolidaridad de los argentinos, en el país apenas quedaba nada por robar.
Las actuales "dificultades pasajeras de la economía", encima, añaden un elemento adicional de presión para el Gobierno, especialmente teniendo en cuenta que el próximo año hay elecciones y, obviamente, ni Néstor ni Cristina van a renunciar a gastar dinero a espuertas para comprar los votos necesarios que les mantengan el poder.
Así pues, en una tormenta de ideas llevada a cabo en la Casa Rosada, con participación de los más sesudos colaboradores del gang, surgió de pronto la solución para salvar las finanzas del sector más importante del país, que como es sabido no es la industria, la ganadería o el petróleo, sino la corporación Kirchner & Kirchner.
Se trata, como ya saben, de robar a los pensionistas sus ahorros. La propuesta es de una lógica tan primaria que resulta sorprendente que no haya sido puesta en práctica antes por otros Gobiernos "progresistas" en los actuales tiempos de crisis.
En honor a la verdad, hay que explicar que los asesores aconsejaron a los Kirchner solamente pedir prestado el dinero de los fondos privados de pensiones para atender necesidades a corto y medio plazo, con el compromiso de devolverlo con intereses en un plazo razonable. Pero aquí surgió de nuevo el talento innato que ha hecho del famoso matrimonio un referente insoslayable para los gobernantes progresistas de medio mundo. Cristina y Néstor se miraron y, como en una experiencia telepática, pensaron al unísono "¿Para qué pedir prestado algo que puedes robar directamente?".
Se trata sólo de sustituir ese último verbo, de connotaciones dudosas, por el de "nacionalizar", que queda mucho mejor y además es algo que está muy de moda entre los Gobiernos de izquierdas, comenzando por el de Bush.
La medida tiene además un componente moral que entronca con la fascinación redistributiva de todo político de izquierdas. No es justo que la gente tenga ahorros privados con destino a su jubilación, mientras Cristina se queda sin pasta para financiar a los piqueteros y pagar sus operaciones de estética.
Si Bonnie y Clyde hubieran tenido el diez por ciento de la pericia financiera de los Kirchner, en lugar de ir atracando bancos a punta de pistola, huyendo constantemente de la policía, se habrían presentado a las elecciones en Argentina.
Zapatero haría bien olvidando la decepción de no ser invitado a la reunión del G-20 ni para servir los cafés y pasar a la acción creando una cumbre alternativa. Los Kirchner y él. El G-2.0.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Decálogo del populismo iberoamericano

El populismo en Iberoamérica ha adoptado una desconcertante amalgama de posturas ideológicas. Izquierdas y derechas podrían reivindicar para sí la paternidad del populismo, todas al conjuro de la palabra mágica: "pueblo". Populista quintaesencial fue el general Juan Domingo Perón, quien había atestiguado directamente el ascenso del fascismo italiano y admiraba a Mussolini al grado de querer "erigirle un monumento en cada esquina". Populista posmoderno es el comandante Hugo Chávez, quien venera a Castro hasta buscar convertir a Venezuela en una colonia experimental del "nuevo socialismo". Los extremos se tocan, son cara y cruz de un mismo fenómeno político cuya caracterización, por tanto, no debe intentarse por la vía de su contenido ideológico, sino de su funcionamiento. Propongo 10 rasgos específicos.

1) El populismo exalta al líder carismático.
No hay populismo sin la figura del hombre providencial que resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas del pueblo. "La entrega al carisma del profeta, del caudillo en la guerra o del gran demagogo", recuerda Max Weber, "no ocurre porque lo mande la costumbre o la norma legal, sino porque los hombres creen en él. Y él mismo, si no es un mezquino advenedizo efímero y presuntuoso, 'vive para su obra'. Pero es a su persona y a sus cualidades a las que se entrega el discipulado, el séquito, el partido".

2) El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella.
La palabra es el vehículo específico de su carisma. El populista se siente el intérprete supremo de la verdad general y también la agencia de noticias del pueblo. Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, "alumbra el camino", y hace todo ello sin limitaciones ni intermediarios. Weber apunta que el caudillaje político surge primero en los Estado-ciudad del Mediterráneo en la figura del "demagogo". Aristóteles (Política, V) sostiene que la demagogia es la causa principal de "las revoluciones en las democracias" y advierte una convergencia entre el poder militar y el poder de la retórica que parece una prefiguración de Perón y Chávez: "En los tiempos antiguos, cuando el demagogo era también general, la democracia se transformaba en tiranía; la mayoría de los antiguos tiranos fueron demagogos". Más tarde se desarrolló la habilidad retórica y llegó la hora de los demagogos puros: "Ahora quienes dirigen al pueblo son los que saben hablar". Hace veinticinco siglos esa distorsión de la verdad pública (tan lejana a la democracia como la sofística de la filosofía) se desplegaba en el Ágora real; en el siglo XX lo hace en el Ágora virtual de las ondas sonoras y visuales: de Mussolini (y de Goebbels) Perón aprendió la importancia política de la radio, que Evita y él utilizarían para hipnotizar a las masas. Chávez, por su parte, ha superado a su mentor Castro en utilizar hasta el paroxismo la oratoria televisiva.

3) El populismo fabrica la verdad.
Los populistas llevan hasta sus últimas consecuencias el proverbio latino "Vox populi, Vox dei". Pero como Dios no se manifiesta todos los días y el pueblo no tiene una sola voz, el gobierno "popular" interpreta la voz del pueblo, eleva esa versión al rango de verdad oficial, y sueña con decretar la verdad única. Como es natural, los populistas abominan de la libertad de expresión. Confunden la crítica con la enemistad militante, por eso buscan desprestigiarla, controlarla, acallarla. En la Argentina peronista, los diarios oficiales y nacionalistas -incluido un órgano nazi- contaban con generosas franquicias, pero la prensa libre estuvo a un paso de desaparecer. La situación venezolana, con la "ley mordaza" pendiendo como una espada sobre la libertad de expresión, apunta en el mismo sentido: terminará aplastándola.

4) El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos.
No tiene paciencia con las sutilezas de la economía y las finanzas. El erario es su patrimonio privado que puede utilizar para enriquecerse y/o para embarcarse en proyectos que considere importantes o gloriosos, sin tomar en cuenta los costos. El populista tiene un concepto mágico de la economía: para él, todo gasto es inversión. La ignorancia o incomprensión de los gobiernos populistas en materia económica se ha traducido en desastres descomunales de los que los países tardan decenios en recobrarse.

5) El populista reparte directamente la riqueza.
Lo cual no es criticable en sí mismo (sobre todo en países pobres hay argumentos sumamente serios para repartir en efectivo una parte del ingreso, al margen de las costosas burocracias estatales y previniendo efectos inflacionarios), pero el populista no reparte gratis: focaliza su ayuda, la cobra en obediencia."¡Ustedes tienen el deber de pedir!", exclamaba Evita a sus beneficiarios.Se creó así una idea ficticia de la realidad económica y se entronizó una mentalidad becaria. Y al final, ¿quién pagaba la cuenta? No la propia Evita (que cobró sus servicios con creces y resguardó en Suiza sus cuentas multimillonarias), sino las reservas acumuladas en décadas, los propios obreros con sus donaciones "voluntarias" y, sobre todo, la posteridad endeudada, devorada por la inflación. En cuanto a Venezuela (cuyo caudillo parte y reparte los beneficios del petróleo), hasta las estadísticas oficiales admiten que la pobreza se ha incrementado, pero la improductividad del asistencialismo (tal como Chávez lo practica) sólo se sentirá en el futuro, cuando los precios se desplomen o el régimen lleve hasta sus últimas consecuencias su designio dictatorial.

6) El populista alienta el odio de clases.
"Las revoluciones en las democracias", explica Aristóteles, citando "multitud de casos", "son causadas sobre todo por la intemperancia de los demagogos". El contenido de esa "intemperancia" fue el odio contra los ricos: "Unas veces por su política de delaciones... y otras atacándolos como clase (los demagogos) concitan contra ellos al pueblo". Los populistas latinoamericanos corresponden a la definición clásica, con un matiz: hostigan a "los ricos" (a quienes acusan a menudo de ser "antinacionales"), pero atraen a los "empresarios patrióticos" que apoyan al régimen. El populista no busca por fuerza abolir el mercado: supedita a sus agentes y los manipula a su favor.

7) El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales.
El populismo apela, organiza, enardece a las masas. La plaza pública es un teatro donde aparece "Su Majestad El Pueblo" para demostrar su fuerza y escuchar las invectivas contra "los malos" de dentro y fuera. "El pueblo", claro, no es la suma de voluntades individuales expresadas en un voto y representadas por un Parlamento; ni siquiera la encarnación de la "voluntad general" de Rousseau, sino una masa selectiva y vociferante que caracterizó otro clásico (Marx, no Carlos, sino Groucho): "El poder para los que gritan el poder para el pueblo".

8) El populismo fustiga por sistema al "enemigo exterior".
Inmune a la crítica y alérgico a la autocrítica, necesitado de señalar chivos expiatorios para los fracasos, el régimen populista (más nacionalista que patriota) requiere desviar la atención interna hacia el adversario de fuera. La Argentina peronista reavivó las viejas (y explicables) pasiones antiestadounidenses que hervían en Iberoamérica desde la guerra del 98, pero Castro convirtió esa pasión en la esencia de su régimen, un triste régimen definido por lo que odia, no por lo que ama, aspira o logra. Por su parte, Chávez ha llevado la retórica antiestadounidense a expresiones de bajeza que aun Castro consideraría (tal vez) de mal gusto. Al mismo tiempo hace representar en las calles de Caracas simulacros de defensa contra una invasión que sólo existe en su imaginación, pero que un sector importante de la población venezolana (adversa, en general, al modelo cubano) termina por creer.

9) El populismo desprecia el orden legal.
Hay en la cultura política iberoamericana un apego atávico a la "ley natural" y una desconfianza a las leyes hechas por el hombre. Por eso, una vez en el poder (como Chávez) el caudillo tiende a apoderarse del Congreso e inducir la "justicia directa" ("popular, bolivariana"), remedo de Fuenteovejuna que, para los efectos prácticos, es la justicia que el propio líder decreta. Hoy por hoy, el Congreso y la Judicatura son un apéndice de Chávez, igual que en Argentina lo eran de Perón y Evita, quienes suprimieron la inmunidad parlamentaria y depuraron, a su conveniencia, al Poder Judicial.

10) El populismo mina, domina y, en último término, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal.
El populismo abomina de los límites a su poder, los considera aristocráticos, oligárquicos, contrarios a la "voluntad popular". En el límite de su carrera, Evita buscó la candidatura a la vicepresidencia de la República. Perón se negó a apoyarla. De haber sobrevivido, ¿es impensable imaginarla tramando el derrocamiento de su marido? No por casualidad, en sus aciagos tiempos de actriz radiofónica, había representado a Catalina la Grande. En cuanto a Chávez, ha declarado que su horizonte mínimo es el año 2020.

¿Por qué renace una y otra vez en Iberoamérica la mala yerba del populismo? Las razones son diversas y complejas, pero apunto dos. En primer lugar, porque sus raíces se hunden en una noción muy antigua de "soberanía popular" que los neoescolásticos del siglo XVI y XVII propagaron en los dominios españoles y que tuvo una influencia decisiva en las guerras de Independencia desde Buenos Aires hasta México. El populismo tiene, por añadidura, una naturaleza perversamente "moderada" o "provisional": no termina por ser plenamente dictatorial ni totalitario; por eso alimenta sin cesar la engañosa ilusión de un futuro mejor, enmascara los desastres que provoca, posterga el examen objetivo de sus actos, doblega la crítica, adultera la verdad, adormece, corrompe y degrada el espíritu público.

Para calibrar los peligros que se ciernen sobre la región, los líderes iberoamericanos y sus contrapartes españolas, reunidos todos en Salamanca, harían muy bien en releer a Aristóteles, nuestro contemporáneo. Desde los griegos hasta el siglo XXI, pasando por el aterrador siglo XX, la lección es clara: el inevitable efecto de la demagogia es "subvertir a la democracia".Enrique Krauze es escritor mexicano, director de la revista Letras Libres y autor, entre otros libros, de Travesía liberal.

Por Enrique Krauze - El País - Cuba Democracia y Vida

sábado, 15 de noviembre de 2008

La violencia siempre es injusta

Una encuesta de Interlace augura un retroceso del chavismo en las elecciones del próximo 23 de noviembre. En 14 de los 22 estados donde se llevarán a cabo las elecciones, los candidatos de Hugo Chávez Frías perderían en 8 de esos 14, entre ellos Zulia, Carabobo y Sucre.
Al teniente coronel Chávez no le gusta perder y, en los últimos días amenazó en dos ocasiones con usar la fuerza militar. Primero contra Manuel Rosales, gobernador de Zulia y cabeza del antichavismo nacional. Si Rosales gana la alcaldía de Maracaibo, el Presidente consideraría la opción de articular un ''plan militar''. Luego al gobernador de Carabobo, disidente del oficialismo: ''A lo mejor voy a terminar sacando los tanques'', le advirtió.
Entretanto ordenó la toma militar de un aeropuerto, y mandó a construir cinco bases en la frontera con Colombia, según la agencia oficial de noticias, ABN, que luego lo desmintió señalando que solo se crearán cinco ''zonas de seguridad'' en otras tantas comunidades yupka en el área fronteriza.
En Cuba, las cosas están peor. El diario Granma, desde sus páginas anunciaba la ''ofensiva'' del gobierno contra el acaparamiento en tiempos de escasez''. Las nuevas normas establecen topes de compra para cada producto por persona. Por caso, sólo dos botellas de aceite por persona. Las sanciones van desde el ''decomiso de las mercaderías hasta la cárcel''. Tanto es así que se quejaba una habanera: ``Conseguí comprar seis trozos de pollo, pero no he podido traerlos a casa. Si te ve la Policía, te pregunta qué llevas, dónde lo compraste... Y te lo puede quitar e, incluso meterte preso''.
Tanto Chávez como Castro ''cumplen con la ley''. Es decir, que nada puede objetárseles legalmente. El problema es moral: es que no existe la violencia justa, sino que es siempre destructiva. No es cierto que la autoridad para imponerse deba tener el monopolio de la violencia y ejercerlo. La Iglesia Católica, por caso, con dos mil años, es la institución que más ha perdurado y más ha influenciado en Occidente y, prácticamente, no tiene poder coactivo, ni ejércitos, ni policía.
Dice la escolástica tomista que ''justo es aquello que se corresponde con su naturaleza''. Lo violento es lo que desvía el curso natural de la acción humana. Es entonces la violencia siempre injusta, y destructiva del accionar humano. Es la corrupción de la naturaleza humana.
En el mercado, las acciones se realizan de mutuo acuerdo, precios de por medio, las personas interactúan pacíficamente. La corrupción surge cuando alguien tiene el poder de sustraerse del acuerdo voluntario, por ejemplo, cuando un gobierno impone precios máximos, el funcionario designado los fija arbitrariamente, forzando a la otra parte y así nace la tensión que da lugar a la corrupción. Cuanto más estatismo, más corrupción.
Mientras Kirchner podría postularse para el récord Guinness por la cantidad de sospechas por corrupción que enfrenta, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, gobernado por un opositor que tiene que lidiar con mucha burocracia, gastará $1,400 millones en obras públicas cuando la inversión anual histórica ha sido de $1,000 millones.
El diario La Nación a un ponderado artículo lo titula Llamativo precio de algunos trabajos. ''Por una rampa de 16 metros cuadrados se pagan $6,650'' cuando otras empresas han cotizado ''$4,900 (por) la (rampa) integral''. Los sobreprecios en las obras estatales son un clásico en todas las latitudes.
Por Alejandro A. TagliaviniEl Nuevo Herald
El autor es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity en el Independent Institute de Oakland, California.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Venezuela: Camino al socialismo bolivariano

El próximo 23 de noviembre los venezolanos están llamados a unas elecciones locales. La disputa es ardua. Una desarticulada oposición enfrenta a Hugo Chávez, quien no sólo nombró a sus candidatos, sino que utiliza toda la maquinaria de intervención electoral gubernamental.
Se suma lo que tituló un periódico local: “Insulto, luego existo”. Es decir, un lenguaje soez, de enfrentamiento, que nace en el gobierno y que la oposición intenta contener no siempre con éxito. El jefe de Estado diariamente insulta a sus adversarios tratándolos de “imbéciles”, a lo cual le contestan acusándolo de “payaso” y “gran charlatán”. Es decir, una sociedad que no tiene ánimos de construir consensos y en donde la política se ha convertido en un juego de suma cero.
En Caracas el ambiente es agotador. A una ciudad hostil por su tráfico, se suman la inseguridad y la violencia que tensionan el diario vivir. No sólo es víctima de las agresiones verbales de sus políticos, sino de la delincuencia, el robo y el secuestro. Triste conclusión para quienes en el pasado fueron ejemplo de convivencia política y desarrollo económico.
Vienen tiempos más difíciles. El gobierno es mantenido por un gasto público que sienta sus bases en una economía monoexportadora —el petróleo— que está en baja. ¿Habrá capacidad de reducir el gasto? ¿Qué sucederá con la popularidad chapista al momento de recortar la chequera de los petrodólares? Algunos creen que significará el retiro de Chávez al término de su mandato. Sin embargo, hay quienes piensan también que la crisis provocará un endurecimiento del gobierno.
Lamentablemente la telenovela no termina aquí, ya que hasta ahora no existe una oposición consistente capaz de ofrecer una alternativa. El liderazgo está en los jóvenes del movimiento estudiantil que hoy bordean los 30 años, mientras que la generación cuarentona o mayor pareciera no existir. El gobierno presiona y angustia con una estrategia inteligente: el escepticismo. Busca desalentar la participación electoral, la abstención, de manera que sólo lo hagan quienes están movilizadas por la maquinaria de gobierno.
¿Y los empresarios? Están arrinconados. El gobierno no sólo introdujo decretos que fueron rechazados en el referéndum de 2007, como el trueque y la legalización de las milicias presidenciales sino que por el artículo 113 de la reforma constitucional y la Ley de Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios, permite al Estado expropiar bajo pretexto de que no se permitirán actividades, acuerdos, prácticas, conductas y omisiones de los particulares que vulneren los métodos y sistemas de producción que afecten la propiedad social y colectiva.
Venezuela hoy no es una dictadura. Es una democracia dirigida, en la cual el gobierno se autoconsidera infalible y hegemónico, con una concepción dogmática, manipuladora y descalificadora de quienes osen cuestionar al socialismo bolivariano.

por Angel Soto en http://www.elcato.org/node/3800
Angel Soto es Profesor dela Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes (Chile).
Este artículo fue publicado originalmente en Revista Capital N° 240 (Chile) 13 de noviembre de 2008.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Ni Rajoy ni ZP se atreven con las pensiones

Con la crisis encima y la recesión a las puertas, a Miguel Ángel Fernández Ordóñez le ha parecido conveniente recordar que el sistema público de pensiones es insostenible. Claro que para hacer semejante afirmación no hace falta ser gobernador del Banco de España; basta con entender que el modelo de reparto, que el pensamiento único progresista considera tan social, no es más que una burda estafa piramidal. Sólo con comprender esto puede predecirse fácilmente qué va a pasar en el futuro.

Al lado del timo de las pensiones, lo de las estampitas de Afinsa y Forum es un juego de niños. Sin embargo, a MAFO ni se le pasa por la cabeza la posibilidad de cambiar a un sistema de capitalización en el que las personas se hagan responsables de su futuro mediante aportaciones continuas de una parte de las rentas del trabajo para invertirlas a largo plazo y crear un fondo del que poder tirar cuando uno ya no pueda –o no quiera– seguir trabajando. El principal problema que impide cambiar a un sistema sostenible de capitalización no es técnico sino de incorrección política. Cualquier cosa vale antes que defender públicamente una vía que impida que Papá Estado meta la mano en la cartera de los trabajadores más jóvenes para costear la pensión de los jubilados.
Así las cosas, las soluciones propuestas se apretujan en un estrecho abanico. Por un lado tenemos la versión ZP, que consiste en taparse la nariz para no oler la podredumbre del sistema y decir que el modelo goza de salud. El modelo a lo mejor, pero las pensiones seguro que no. Según los partidarios de esta corriente, el sistema es sólido porque la capacidad del Estado de quitar dinero a cada vez menos trabajadores para pagar la pensión de cada vez más jubilados es casi ilimitada.
Muy cerca de éstos tenemos a los expertos en maquillaje y lanzamiento de balones de oxígeno como el gobernador del Banco de España, Solbes o el señor Pizarro. En términos más técnicos, los que quieren cambios para que todo siga igual tratan de ampliar los años de cotización mínima (incurriendo en una clara suspensión de pagos parcial y encubierta), ampliar el periodo de cálculo de las pensiones hasta llegar a toda la vida laboral, retrasar la edad de jubilación y poner el fondo de reserva público a generar algún tipo de renta. Vamos, alargar la estafa y rezar para que la gente vaya dándose cuenta del timo a pesar del Pacto de Toledo y la propaganda oficial de manera que empiecen a ahorrar de manera privada para evitar el desastre.
Ni los ZP ni los MAFO ni los Pizarro ni los Rajoy de la vida están dispuestos a dejarnos salir del timo piramidal de las pensiones públicas de reparto para que tratemos de capitalizar nuestros ahorros y escapemos al impuesto inflacionista al que nos somete el Banco de España junto a sus aliados europeos. Y, sin embargo, esa es la única posibilidad que tenemos de llegar a tener unas pensiones dignas. Como de los políticos de este país no podemos esperar ese cambio liberador, los ciudadanos tendremos que ir pensando en encogernos de hombros y dejar de colaborar con este chiringuito fraudulento al que nos tienen atados de por vida.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

El capitalismo y nuestros problemas

Hace muchos años circuló un chiste muy gastado en el que un hombre decía que en su casa él tomaba las decisiones más importantes —tales como qué estrategia debería utilizar Estados Unidos para ganar la guerra en Iraq o la política que debería seguir Europa con respecto a las inmigraciones de musulmanes—, mientas su mujer tomaba las menos importantes —tales como a qué colegio mandar a los niños, cuánto gastar y cuánto ahorrar, qué casa comprar, adónde ir a pasar las vacaciones y cuándo debe él pedirle un aumento al jefe.
Las decisiones claves para el futuro de la humanidad, por supuesto, se tomaban con un traguito en la mano los viernes en la noche en miles de casas en San Salvador.
En el momento presente, estos estadistas de traguito de viernes en la noche han decidido que la culpa de la crisis económica la tiene el capitalismo y que por tanto este sistema debe abolirse. En esto se han visto apoyados por algunos presidentes latinoamericanos que se clasifican como de izquierda, tales como Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, aunque no por los serios como Lula de Brasil.
La conclusión es curiosa por varias razones: Primero, porque los filósofos sociales no dicen qué sistema ha probado ser mejor que el capitalismo para enfrentar la crisis por la simple razón que no hay otro sistema en funcionamiento contra el que pueda compararse el capitalismo, excepto en lugares que ya eran miserables antes de la crisis, como Cuba y Corea del Norte.
Segundo, este sistema, el comunismo, ya falló estrepitosamente con la caída de la Unión Soviética y sus satélites y la conversión de China al capitalismo más crudo durante la década de los noventa. El rechazo del capitalismo necesariamente tendría que llevar al comunismo, ya que éste es el único sistema que niega la base del capitalismo —la propiedad de los bienes de producción en manos privadas— para establecer que toda la propiedad de dichos bienes (es decir, todos los bienes que producen otros bienes, como la maquinaria industrial, la tierra, los tractores, etc.) deben ser propiedad del Estado. Y este sistema ya falló él solito, sin necesidad de una crisis mundial.
Tercero, ya antes, durante la Gran Depresión de los años treinta, se había anunciado la terminación del capitalismo. Y después de eso, los países capitalistas se repusieron y crecieron y se desarrollaron mucho más que los países comunistas, que se quedaron estancados en una economía que sólo podía producir (y muy ineficientemente) en medio de dictaduras que reducían a los ciudadanos a la esclavitud de un Estado totalitario. A la caída de la Unión Soviética se comprobó que los países capitalistas no sólo habían crecido muchísimo más que los comunistas sino también disfrutaban de un desarrollo social mucho mayor. Y además tenían libertad y derechos humanos, que no existían en los países comunistas. China comenzó a crecer cuando abandonó el sistema económico comunista para adoptar el capitalismo.
Cuarto, por un accidente en la carretera, aunque sea terrible e involucre muchos carros, no significa que debe de abolirse el sistema de transporte, prohibiéndose los automóviles y las carreteras. Sí puede significar que es necesario regular y supervisar mucho más el diseño y la construcción de las carreteras, o de los automóviles, o de ambos, así como la crisis financiera actual demuestra que los bancos y otras instituciones financieras no fueron regulados y supervisados tan estrechamente como se requería.
Finalmente, echar culpas sin proponer soluciones es parte de nuestro negativa manera de enfrentar nuestros problemas. Está comprobado que las crisis más grandes y largas son causadas no por los eventos que las comienzan sino por las decisiones erradas que los gobiernos y el sector privado toman o dejan de tomar por ignorancia, precipitación o populismo, que prolongan y vuelven peor los problemas iniciales de la crisis. Así es claro ahora que la Gran Depresión fue tan larga y profunda por errores crasos que se cometieron en medio del pánico de esos años.
En estos momentos, pues, en vez de creernos Carlos Marx y predecir el fin del capitalismo que él anunció sin efecto hace más de ciento treinta años (el sistema que se acabó fue el que él creyó que era el futuro, el comunismo), debemos de buscar soluciones prácticas a los problemas que nos plantea la crisis. Uno de los problemas más serios, que está teniendo lugar en todo el mundo, es la negativa de los bancos a prestar. Esto está sucediendo en nuestro país también. Es entendible que los bancos quieran ser prudentes. Pero también deben entender que si cortan el crédito totalmente van a causar el mismo problema que ellos quieren evitar: si no hay liquidez en el mercado, sus clientes buenos no van a poder pagarles.
El gobierno y los bancos deben de sentarse juntos y armar un plan financiero para el país en el futuro inmediato, que asegure que la excesiva prudencia de los bancos no resulte en la peor imprudencia que pueden cometer —la de ahogar la economía ahogándose ellos mismos con ella—. La suerte de los bancos, las actividades económicas, el gobierno y el país entero depende de que esto se haga pronto y eficientemente, sin grandiosidades políticas, con madurez de país, sin pensar en cosas irrelevantes como si esto es capitalismo o no.
Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 6 de noviembre de 2008.
Manuel Hinds ex Ministro de Finanzas de El Salvador y autor de Playing Monopoly with the Devil: Dollarization and Domestic Currencies in Developing Countries (Council on Foreign Relations, 2006).
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lunes, 10 de noviembre de 2008

El Estado no ha de decidir sobre nuestro futuro

¿Confiaría los ahorros de su vida a un estafador, a un charlatán, a alguien que apareciese en todas las listas de morosos, a algún presunto gestor que no supiese nada o a alguna empresa que fuese incapaz de decirle cuánto cobrará por una inversión depositada en su entidad? Entonces, ¿por qué confía en que el Estado le pague su pensión?

Las pensiones de la Seguridad Social son una estafa piramidal que está al borde de la quiebra. No sólo son financiadas por medio de la extorsión –o pagas, o el Estado se venga contra ti persiguiéndote– sino que su rentabilidad, si es que se puede llamar así, depende de la gracia del político en época de elecciones.
La pensión pública es cara y forzosa: ¿sabe que si usted cobra 1.000 euros brutos al mes está dando, quiera o no, una tercera parte, 300 euros, a la Seguridad Social, más lo que su empresa aporta por usted y que jamás verá en su nómina? Su gestión siempre es improvisada, precaria e ineficiente: ¿sabe también que el Gobierno se está gastando ahora mismo su dinero en otra persona y que aún no ha ahorrado por usted ni un solo céntimo? Se fundamenta en la estafa: ¿sabe que AFINSA fue intervenida por el Estado por financiarse igual que las pensiones públicas, lo que se considera económica y legalmente un fraude?
Si usted contrata un plan de pensiones privado lo cobrará desde el primer año si está en los plazos legales y se le reintegrará todo el capital aportado más el rendimiento que éste haya generado, da igual cuando lo haya abierto. En cambio, el periodo mínimo de cotización para cobrar una pensión pública es de 15 años (hasta el año pasado eran 12,5, así que no descarte que en breve necesitemos cotizar como mínimo 20 años para ver un poco de nuestro dinero). ¿Qué entidad privada cambia las condiciones de un "contrato" de forma unilateral y sin nuestra aprobación expresa como hace el Estado con las pensiones? Ninguna, y si lo hace es juzgada y multada. La pensión estatal tampoco se traspasa a los herederos en caso de defunción del progenitor. El dinero que haya pagado éste se lo queda el Estado, sin más. Otra vez, nada que ver con los planes de entidades privadas. Algo similar sucede con las viudas. ¿Por qué el Estado se queda con la mitad de la pensión del cónyuge? ¿En qué entidad privada ocurre algo así? ¿Por qué todos, empresas y particulares, estamos sometidos a la ley menos el Estado?
En cualquier entidad privada donde tenga un plan de pensiones le dirán la rentabilidad que tiene su plan y cuánto dinero va a percibir al jubilarse, incluso lo podrá consultar por teléfono o internet. Es el mínimo de transparencia que exige el mercado. Desde hace unos años el Gobierno ha emprendido una batalla por la transparencia en las empresas y otra vez más, es el Estado es quien se queda al margen de la ley al ser la organización más opaca y fraudulenta de nuestra sociedad. No tenemos ni idea de cuánto cobraremos al jubilarnos y no hay forma de asegurar que vayamos a cobrar algo siquiera; es más, parece más probable que no.
Recientemente el Gobierno aprobó una ley que permite retirarnos a los 70 años y así elevar hasta un 15% la pensión del trabajador. Hasta ahora es opcional, pero es cuestión de tiempo que hagan la medida obligatoria como ya ha ocurrido en otros países como Alemania, aunque aún no haya entrado en vigor. Por qué tenemos que pagar con más trabajo la gestión irresponsable del Gobierno.
Hágase una pregunta. ¿Se considera usted un imbécil total? El Gobierno está convencido que sí, por eso nos obliga a que le demos nuestro dinero para gestionarlo "responsablemente" por nosotros. Los burócratas, como siempre, subestiman al hombre libre. Los españoles tenemos una firme voluntad de ahorrar. Según ADICAE (Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas de Ahorros y Seguros), las familias españolas tienen en acciones y participaciones de fondos de inversión más de la mitad de sus ahorros, un porcentaje que supera el de otros países, como Francia, donde esta cifra es del 37% e incluso Estados Unidos, el país con mayor tradición bursátil. Es más, según Profim, compañía de asesoramiento en fondos, entre 1991 y 2006 el sector de los fondos de inversión, cuya diferencia con los planes sólo es legal pero no económica, se ha multiplicado por nueve. Y si lo miramos por la parte de la oferta, sólo en el primer cuatrimestre de 2007 se registraron en la CNMV más de 100 fondos de inversión nuevos. Ya hay casi 3.000 fondos de gestoras españolas. A esto sumemos más de 7.000 fondos de gestoras internacionales que se pueden comercializar en España.
Tiene su gracia que los burócratas nos llamen irresponsables y afirmen sin sonrojarse que ellos se preocupan más que nosotros por nuestro dinero y nuestro futuro. La realidad nos indica todo lo contrario: ellos nos confiscan nuestra riqueza y la pierden en a saber qué. Y con lo poco que nos dejan le sacamos el máximo provecho empleando las oportunidades que nos brinda el libre mercado.
José Manuel González-Páramo, miembro del Comité Ejecutivo y del Consejo de Gobierno del BCE, ha dicho recientemente que es necesario un "debate público, abierto y en profundidad acerca del futuro de nuestros sistemas públicos de pensiones". Sin duda, pero su solución pasa por ahogarnos más, manteniendo o aumentando los ingresos del Estado y reduciendo prestaciones sociales. No es el buen camino. El modelo actual es injusto, fraudulento e ineficiente hasta el punto de rozar la quiebra del sistema.
Es más, la solución no es convertir el actual sistema de reparto en uno de capitalización individual, esto es, lo que se entiende generalmente por privatización de las pensiones. Eso significaría que el Estado nos seguiría ordenando qué hacer con nuestro dinero y cómo emplearlo. La solución más acorde a la libertad individual y al respeto de las decisiones de cada persona es que cada cual gestione su dinero y su vida como le venga en gana sin dar explicaciones a nadie, y eso significa que ninguna ley ni oligarca político nos ha de imponer si hemos de invertir el dinero en nuestro futuro, el de nuestros hijos o en cualquier otra cosa que decidamos. Esa es nuestra decisión y la de nadie más. El sistema de pensiones públicas ha de ser abolido.
por Jorge Valín - Libertad Digital